martes, 20 de septiembre de 2022
EL ENEMIGO INTERIOR. EL IMPERIO EN LLAMAS. Sesión 35
miércoles, 19 de enero de 2022
EL ENEMIGO INTERIOR. EL IMPERIO EN LLAMAS. Sesión 34
Desde donde estaba se podía ver toda la ciudad de Altdorf , y desde allí mismo había visto como el Graf junto a su comitiva abandonaba el Palacio y poco después la ciudad, su mirada no se había apartado en ningún momento de un grupo de gente que iba en esa comitiva, pero dentro de ese grupo sobre todo en dos personas, uno, un gran experto en las armas quizás destinado a grandes gestas, el otro, alguien en el que Sigmar había puesto todas sus bendiciones, y quizás todas sus esperanzas..., la comitiva fue alejándose poco a poco hasta que por fin se perdieron de su vista, sus ojos aun siguieron mirando durante un tiempo hacia el lugar donde habían desaparecido, unos ojos completamente inexpresivos, hasta que de repente como saliendo de un sueño se giro con brusquedad, dirigiendo sus pasos al interior del Palacio, aun había muchas cosas por hacer...
Poco a poco el día fue pasando dando paso a una noche tranquila en la ciudad de Altdorf, el grupo de aventureros se dirigió puntual a su cita en la casa de Middenheim, allí como la anterior vez fueron recibidos por el propio Heinrich Todbringer, aunque esta vez también les acompaño durante la velada el Canciller de Altdorf, el Conde Siegfried von Walfen, durante la cena hablaron de temas banales, interesándose sobre todo en las vidas que llevaban antes de todo lo acontecido en los dos últimos años, la cena fue transcurriendo entre deliciosos manjares y alguna que otra risa, aunque entre los dos nobles se notaba cierto nerviosismo, por sus palabras una tercera persona debería estar también en esa reunión, y aunque el Canciller no dudaba en que acudiría a su cita el nerviosismo era más que patente, después de cenar se retiraron a una pequeña sala donde se quedaron a solas, los sirvientes fueron despachados de allí y el propio Heinrich se encargo de servir una copa de licor o vino a cada uno de los allí presentes, una de las silla seguía vacía, y mientras su ocupante llegaba Heinrich les puso al corriente de lo ocurrido durante los dos últimos días, por un lado el Emperador, la Condesa Emmanuelle y el Graf habían acordado reunirse en un pabellón de caza a unas 5 millas al noroeste de la ciudad de Schoppendorf, en Middenland, allí esperaban reunirse con el Príncipe Hals von Tasseninck de Ostland y el Gran Duque Gustav von Krieglitz de Talabecland, a ambos les serían entregadas sendas cartas para acudir a dicha reunión, con la esperanza de poder llegar a firmar acuerdos para parar esta guerra que estaba dividiendo al Imperio, por otro lado el Graf Boris Todbringer había sido informado de una desgraciada noticia, Ar-Ulric había muerto, había sido asesinado por alguien que se hacía pasar por un seguidor de Sigmar, el cual fue reducido antes de que se quitara la vida, tras un duro interrogatorio su fortaleza flaqueo dejando a la luz todo lo ocurrido, el artificie de todo aquello era el primo del Graf, Helmut Todbringer, el cual siempre se había mostrado cercano a sus hermanos ulricanos en su lucha contra los sigmaritas, este en cuanto supo de que su hombre había sido capturado abandono Middenheim junto a sus más leales hombres, cuando los Caballeros Pantera acudieron a su mansión en la ciudad la encontraron vacía, al igual que en su casa de campo, donde solo encontraron a su esposa junto a sus dos hijas y los criados encargados de servirlas, también Heinrich Todbringer se intereso en los motivos que hacían que Íñigo hubiera acompañado al grupo una vez que volvieron de Kiev, algo a lo que no estaba obligado ni pagado, y aunque no termino del todo convencido por sus palabras dejo correr el tema una vez el resto de compañeros le prestaron su apoyo y confianza, mientras intentaban asimilar la perdida que suponía la muerte de Ar-Ulric la persona que estaban esperando entro por las dobles puertas que daba a aquella cogedora sala, el hombre que entro por ellas era un hombre entrado en años, con su cabeza completamente rasurada, vestido con unos hábitos sencillos, alguien bien conocido por varios de ellos, el hombre que habían estado esperando era el Padre Beoca, su mirada siempre serena se mostraba nerviosa, el Canciller lo miraba fijamente mientras le preguntaba si lo había podido conseguir, el padre tras unos segundos de suspense asintió con la cabeza mientras se bebía de un trago la copa de vino que Heinrich le había proporcionado, tras aclararse la garganta explico que apenas había tenido tiempo de copiar lo que había visto en la cámara personal del Gran Teogonista antes de que este llegara, apenas había podido estar solo unos segundos, pero le había bastado para cumplir con su cometido, rebuscando en uno de sus bolsillos saco un trozo de papel con anotaciones suyas, lo dejo sobre la mesa retirándose un par de pasos, el Canciller extendió un mapa del sureste del Imperio mientras al igual que Heinrich lo miraban expectantes, que significaba todo aquello, los allí presentes se miraron sin saber que estaba pasando, hasta que por fin el Canciller tomo la palabra, si los planes del Emperador y el Graf fracasaban necesitaban un plan para volver a unir al Imperio, algo que los volviera a juntar como ya ocurrió en el pasado, en tiempos desesperados, ideas desesperadas, querían que encontraran el Ghal-maraz, el legendario martillo de Sigmar.
Durante unos segundos el silencio reino en aquella habitación, hasta que el padre Beoca conto la historia de los últimos días de Sigmar en el Viejo Mundo, y como el último lugar por el que camino en la tierra fueron las Montañas Negras, un lugar de nombre Karak-Kadal, según las leyendas en algún lugar del paso del Fuego Negro en las Montañas Negras debía de haber alguna señal que indicara el camino que siguió Sigmar, pero nadie había dado con esa señal, solo un elegido en tiempo de gran necesidad la encontraría.
Lo que estaban a punto de acometer solo lo sabían los que allí estaban presentes, el silencio y el sigilo eran fundamentales, a fin de cuentas muchos buenos sigmaritas y ulricanos considerarían una herejía lo que estaban a punto de hacer, para asegurarse que nadie estuviera observándolos partirían pasado mañana junto a la comitiva del Graf hacía Middenheim, allí Erwin seria nombrado Caballero del Circulo Interior de los Caballeros Pantera y con la excusa de su viaje hacía el este saldrían de la ciudad para dirigirse a su verdadero destino, tras terminar de aclarar pequeños flecos brindaron por volverse a ver pronto, con un Imperio de nuevo unificado, tras aquello volvieron a sus aposentos en Palacio, el día siguiente prepararon sus escasas pertenencias y Ramkir aprovecho para a través del Campeón del Emperador hacerle llegar a este una carta escrita de su puño y letra, en ella se defendía de las acusaciones que se habían realizado contra él por los sucesos acontecidos durante la noche del incendio de la ciudad, a la vez que le hacia participe de sus sospechas sobre los intereses que podría tener el Hechicero Sigfrido, al día siguiente abandonaron Altdorf sin ningún contratiempo, tras varios días de camino llegaron hasta Middenheim donde el Graf fue recibido con gran alegría por su gente, desde su llegada a la ciudad Erwin se despidió de sus amigos para en ayunas meditar en la capilla de los Caballeros Pantera mientras velaba sus armas , debería permanecer todo el día en ella hasta ultima hora de la tarde cuando volvería a jurar sus votos, mientras eso ocurría Leopold fue llamado ante la presencia del Graf, este había escuchado de su hijo que era un joven leal y muy prometedor, por lo que queria que acompañado de diez Caballeros Pantera acudiera a la hacienda que pertenecía a su primo y trajera a la mujer e hijas de este, junto a los criados que servían en la casa, su primo Helmut Todbringer estaba desaparecido, aunque no dudaba que tarde o temprano seria capturado y juzgado, pero de momento su familia tendría que pagar por lo ocurrido, el pueblo tenía que ver lo que ocurría cuando intentaban traicionar a su Graf, pero eso ocurriría cuando estuvieran en Middenheim, mientras tanto deberían ser tratadas acorde a su título de Condesa, con aquella misión Leopold dirigió una pequeña fuerza de diez Caballeros Pantera junto a sus amigos, Ogmund, Íñigo y Ramkir, antes de una hora habían recorrido la distancia que distaba la ciudad de la hacienda de Helmut Todbringer, cuando llegaron a ella Leopold dispuso a sus hombres alrededor de la casa para tenerla controlada, un Ayudante de Cámara les recibió, tras escuchar las ordenes que Leopold traía del Graf asintió educadamente mientras informaba que comunicaría a su señora sus ordenes, Leopold para evitar cualquier imprevisto acompaño al Ayudante de Cámara hasta los aposentos de la Señora, mientras en el exterior Ramkir observaba que de la casa no saliera ninguna paloma que pudiera enviar algún mensaje, a la vez que Íñigo y Ogmund vigilaban inquietos los cercanos bosques, esperando que quizás Helmut Todbringer apareciera por ellos junto a su pequeña tropa de hombres, pero nada de aquello sucedió, lo que ocurrió fue que al cabo de unos diez minutos por la puerta parecieron una mujer de unos cuarenta y picos años acompañada de sus dos jóvenes hijas, todas ellas vestían conforme a su rango social, las tres lucían una piel aterciopelada y blanquecina propia de la nobleza, sus cabellos dorados como el sol que bañaba la escena refulgían junto a unos ojos de un azul claro, las dos hijas lucían una belleza que hacía difícil apartar la vista de ellas y mucho más de olvidar, la madre no conservaba la juventud de ellas pero aun así conservaba gran parte de esa belleza, con dignidad subieron al carruaje que se había dispuesto para ellas mientras las dos jóvenes echaban miradas disimuladas a Leopold, el cual claramente tenía la cara descompuesta, cualquiera diría que había visto un fantasma, y aunque sus compañeros intentaron averiguar que pasaba Leopold no quiso decir nada, según sus propias palabras no era el momento, ya más adelante les diría algo, lo cual aun los dejo más intranquilos.
Que paso durante esos diez minutos?, esa misma noche por fin Leopold conto lo allí ocurrido, siguió al Ayudante de Cámara hasta la habitación de la señora de la casa, una vez en la puerta pudo escuchar la voz de la mujer diciendo que en cuanto estuvieran preparadas saldrían, pero desconfiando que pudieran estar tramando algo entro en la habitación detrás del Ayudante de Cámara, en su interior se encontró con dos jóvenes de una belleza sin parangón, pero pronto su mirada se volvió hacia la voz que le estaba hablando, la voz suave de una mujer de mediana edad, de largos cabellos dorados y profundos ojos azules, pero aquello no fue lo que le dejo sin palabras petrificado en el quicio de la puerta, solo siendo capaz de tartamudear dos palabras, -mama, en ese momento el silencio invadió aquella habitación, las dos jóvenes que se hacían llamar Carla y Reinhilde, no paraban de mirar a su madre para luego posarla en Leopold, hasta que Irma rompió el silencio, -Leopold..., eres tu, hijo mío?, de repente fue como si el mundo volviera a moverse, madre e hijo caminaron hasta fundirse en un abrazo que llevaban años esperando, cualquier rencor desapareció envuelto en grandes lagrimas de un sabor agridulce, lo que tanto tiempo había añorado encontrar lo iba a perder en apenas unas horas, en apenas unos segundos seguramente en la cabeza de Leopold pasaron cientos de ideas, pero Irma viendo su cara de sufrimiento cogiéndolo suavemente de la mano le dijo que debían acudir a la llamada del Graf, que no se preocupara, sus destinos estaban escritos y pasaría lo que tendría que pasar, tras aquellas palabras Leopold les dijo a las tres mujeres que no mostraran sus sentimientos cuando salieran fuera de la mansión, de momento era mejor que nadie supiera nada, y de esa forma partieron de la hacienda de Helmut Todbringer hasta Middenheim, donde fueron separadas de Leopold.
Mientras tanto en Middenheim por fin llego la hora de que Erwin volviera a jurar los votos de los Caballeros Pantera, en la ceremonia estaban presentes los máximos dirigentes del Circulo Interior así como el Graf, y como no también sus amigos de andanzas, Erwin fue jurando los votos que el Gran Maestre le iba diciendo mientras le iba vistiendo con su nueva armadura, hasta que por fin le coloco sus espuelas y el propio Graf le entregaba la espada, una vez concluida la ceremonia se dirigieron hasta la parte trasera de las caballerizas de los Caballeros Pantera, allí aun le espera otra sorpresa, fue llevado ante un Grifo, el cual si lo aceptaba seria su montura, el Grifo desafiante camino a su alrededor observándolo, hasta que parándose delante de él agacho su cabeza y cuartos delanteros en señal de reverencia, dejándose acariciar por su nuevo jinete, aunque aun tendría que pasar tiempo hasta que pudiera acostumbrarse a montar tan magnifica montura, mientras todo esto ocurría Leopold no podía dejar de mirar de reojo al Graf, hasta que este le hizo un gesto para que se acercara, horas antes le había rogado, implorado de rodillas que pensara su decisión sobre la familia de su primo Helmut Todbringer, contándole su parentesco con las tres mujeres, el Graf se había mostrado implacable en su decisión, reacio a dar un paso atrás,, pero ante la insistencia de Leopold le había dicho que ya le comunicaría su decisión, con paso tembloroso se acerco hasta el Graf, este le comunico que de momento las tres mujeres no sufrirían el castigo que les estaba destinado, pero como su hijo le había dicho que debían partir en una misión peligrosa de momento se quedarían bajo su protección en el Palacio, hasta que Leopold volviera y se hiciera cargo de ellas. Si no, quien sabe si no sufrirían el destino que les estaba dispuesto, con las buenas nuevas Leopold pudo respirar tranquilo, deseando ver cuanto antes a su madre y hermanas, solo tenia esa noche y el día de mañana para estar juntos antes de partir, y tenia mucho que hablar con ellas....
Mientras el resto del grupo paso la noche entre jarra y jarra de cerveza celebrando el nuevo titulo de Erwin y descansando durante el siguiente día, antes de partir hacia lo desconocido...
viernes, 31 de diciembre de 2021
EL ENEMIGO INTERIOR. EL IMPERIO EN LLAMAS. Sesión 33
Todo se había derrumbado como un castillo de naipes, aquel estúpido se había dejado coger, ahora solo sería cuestión de tiempo que fueran a por él, pero ya no podrían parar lo que hace mucho tiempo tenía que haber ocurrido, aquel falso dios debía ser erradicado, pisoteado de una vez, y junto a él sus estúpidos y engreídos siervos, sus leales guardias cabalgaban a su lado, hacía el arropo de sus hermanos de armas.
Simon les trajo nuevas, se había pagado una generosa cantidad de dinero al posadero del Imperial para paliar los daños sufridos por la explosión, cuando regresaran tendrían esperándoles unos baños calientes donde poder relajarse de lo ocurrido los últimos días, mientras, sus ropas serian remendadas y limpiadas para la ocasión, pues esa misma noche tenían una invitación para acudir a la casa de Middenheim en Altdorf, cansados de la ajetreada noche que habían tenido se dispusieron a volver al Imperial, en él pudieron darse ese baño caliente y descansar unas horas, aunque Íñigo primero prefirió gastar sus últimas fuerzas en un conocido lupanar bien conocido por Ramkir, luego se reunió junto al resto en el Imperial.
Por la noche acudieron a su cita, allí fueron recibidos por su anfitrión, que no era otro que el propio hijo del Graf Boris, Heinrich Todbringer, cenaron generosamente mientras conversaban de asuntos intrascendentes, después de cenar se juntaron en un pequeño salón donde ya solos si que Heinrich fue preguntando por los sucesos que habían sucedido desde que salieran de Kislev, mostrándose sorprendido con la verdadera identidad del hermano Karl, agradeciéndoles en todo momento lo que habían conseguido en favor del Imperio, sintiéndose en deuda con ellos. Sabiendo de las creencias de Ogmund y teniendo en cuenta las circunstancias de como se produjo su juramente como Caballero Pantera, le libro de dicho juramento, y igual pensaba hacer con Erwin, pero antes de que pudiera pronunciar esas palabras Erwin pidió a Heinrich que si era digno de poder pertenecer al Circulo interior de los Caballeros Pantera, aquello cogió desprevenido al hijo del Graf, dejando ver por unos segundos la alegría y orgullo que significaba aquella petición, por supuesto accedió a ella, al igual que a Leopold le fue entregado el medallón de los Caballeros Pantera, pasando a ser uno de ellos, durante la velada también fueron informados de que el Graf entraría mañana en la ciudad para reunirse con el Emperador y así discutir la estrategia para intentar para esta guerra, mientras eso ocurría les aconsejo que descansaran, ya avanzada la noche se despidieron de su anfitrión hasta que recibieran nuevas de él.
Como bien les había informado Heinrich, el Graf Boris junto a su guardia personal llegaron a la ciudad a mitad de mañana, las trompetas anunciaron su llegada, la gente empezó a amontonarse en las calles sorprendida, y aunque algún que otro lanzaba insultos en voz baja, la mayoría de gente mostraba cierto respeto, en Palacio fueron recibidos por el Emperador, la Condesa de Nuln y toda la gente importante de la corte, tras los saludos protocolarios el Emperador, la Condesa y el Graf se encerraron en el salón del trono, nuestros héroes decidieron no moverse del Palacio y estar atentos, sospechaban que estando el Emperador y el Graf juntos algo podría pasar, pero por suerte nada extraño ocurrió, Íñigo tuvo un encuentro un poco desafortunado con Martín Fechner, el asesor del Príncipe, este de malas formas aparto a su secretaria Greta Cranach cuando Íñigo intentaba ayudarla con unos papeles, lo siguiente fue un cruce de palabras entre ambos que no fue a más gracias a la intervención de la mujer, lo cual más tarde le ocasiono algún disgusto en forma de golpe.
Durante los dos días que estuvieron vigilando la gente que se movía por Palacio Ramkir tuvo la oportunidad de hablar con el Canciller y primo del Emperador el Conde Siegfried, este le informo de que el Patriarca Supremo de los Colegios de la Magia le había pedido que pusiera a la guardia a buscarlo, por lo visto se le acusaba de usar magia prohibida en la ciudad, la misma que se había usado hace unas semanas en el santuario de la Piedra Brillante, se le acusaba de la muerte de los sacerdotes que allí vivían y de un joven estudiante de medicina, además de los miles de muertos que habían perecido en el incendio de Altdorf, junto a los daños que se habían producido en la ciudad, el Conde prometió a Ramkir interceder por él en cuanto se pudiera hacer publico todo lo ocurrido, pero de momento le aconsejo no salir de Palacio y no mostrarse mucho, por lo visto las acusaciones venían de un protegido del propio Patriarca, de un viejo amigo de Ramkir y sobre todo de Ogmund y Erwin, Sigfrido.
El veneno que Íñigo había usado contra el hermano Karl les había salvado la vida, así que Íñigo intento tirar de los contactos en los bajos fondos, acudió al mismo hombre que les había dado la información sobre la reunión de la Mano Purpura para intentar conseguir algunas dosis, y tras un día de espera pudo conseguir una, quizás a un valor desorbitado, pero si era tan eficaz como la anterior vez bien valía ese dinero, ese mismo día habían recibido una nota para acudir a la casa de Middenheim a las 10 de la noche, -que podría significar aquello?, difícil saberlo, por lo que Íñigo decidió visitar el lupanar por lo que pudiera ocurrir, Erwin decidió esperarle fuera, cerca de la puerta de entrada, poco a poco el tiempo iba transcurriendo sin que Íñigo saliera de aquel antro de perversión, por lo que ya cansado de esperar Erwin decidió entrar para ver donde estaba su compañero, tras hablar con la mujer que regentaba el lugar y más tarde con la chica que había elegido Íñigo pudo averiguar que este había salido por la puerta trasera, la chica ignoraba el motivo, quizás su mujer sabía que estaba aquí o había visto a alguien en la calle, ella que iba a saber, y aunque Erwin amenazo a la chica con su daga, esta aterrorizada no pudo decirle nada más, Erwin salió por la puerta trasera, pero allí no había nada que le pudiera dar una pista de lo ocurrido, empezó a vagar por las calles de alrededor sin ningún resultado por lo que decidió permanecer cerca del puente que cruzaba hacia la otra parte de la ciudad, y allí fue donde vio venir a Íñigo, o más bien lo que quedaba de él, apenas se mantenía de pie, su rostro bien podría haber sido el de un cadáver, el rostro blanquecino y las pupilas enrojecidas, apenas podía hablar, con la ayuda de Erwin consiguieron llegar hasta el Palacio donde pudo recuperarse un poco, lo suficiente para relatarles a todos lo que había ocurrido, cuando dejo a Erwin entro en el lupanar, allí estuvo buscando con que chica o chico pasaría un buen rato, una vez elegida subieron a la parte superior del lugar, a las habitaciones, pero camino de ellas a través de una ventana vio una cara que juraría haber visto días atrás, no sabía si los habían seguido hasta aquí o la coincidencia los había juntando, con rapidez salió por la puerta trasera para intentar dar caza a esa persona antes de que se escabullera, pero de repente su cuerpo empezó a fallarle, todo empezó a dar vueltas, le pareció que ando entre las calles una eternidad hasta que todo se volvió negro, lo siguiente que recordaba fue despertar con la boca reseca, su cuerpo apenas le obedecía pero poco a poco había conseguido ir hacia el Palacio hasta que Erwin vino a él, alguien le había envenenado, quien, cuando o donde, lo desconocía...
Con Íñigo ya mejor, pero reposando en cama, se empezaron a preparar para su cita en la casa de Middenheim...
sábado, 25 de diciembre de 2021
EL ENEMIGO INTERIOR. EL IMPERIO EN LLAMAS. Sesión 32
Diederick Kastner, un bastardo nacido de una violación en una incursión de una tribu de Norscan en las tierras de Nordland, su propio padre un Campeón de la tribu de los Varg lo repudio al ser un bastardo, tras la muerte de su madre y el odio de su padre por sus orígenes bastardos, un joven sacerdote lo acogería y lo adoctrinaría en la fe de Sigmar, luchando valiente y fielmente al servicio de Sigmar, pero aquello cambio, su destino no era estar al lado de Sigmar, un destino mucho más oscuro le estaba preparado, un destino que haría temblar a todo el Imperio, un destino que aun estaba por llegar..., su solo nombre seria temido en todo el Imperio, sería conocido como Archaon El Elegido.
El fuego se iba extendiendo por esa parte de la ciudad, las llamas danzaban alegremente de casa en casa, los sectarios que salían ardiendo del almacén también se encargaban de que el fuego fuera propagándose con rapidez por más partes de la ciudad, a su vez las calles se empezaban a llenar de un humo que hacía que hasta el respirar fuera algo complicado, pero en el centro de aquel infierno nuestros héroes se enfrentaban a un adversario complicado de doblegar, aunque estaban más que dispuestos a que esta vez no se les escapara entre los dedos, Ogmund y Leopold lo tenían delante de ellos, a unos escasos veinte metros, Karl-Heinz Wasmeier irradiaba un aura que solo alguien de una gran voluntad podía hacer frente, y Ogmund desde luego que la tenía, sabía que solo tendría una oportunidad para intentar invocar la ayuda de Sigmar y acabar con Wasmeier, y quizás las prisas fueron las que le jugaron una mala pasada, algo en la invocación fallo y no pudo encontrar ese hilo que le hacía conectar con su Dios y canalizar su poder, Leopold se coloco delante de él para protegerlo de posibles ataques, y aunque le pudo defender del ataque de varios sectarios no pudo hacer nada ante la magia de Wasmeier, este moldeo el humo que había a su alrededor creando varios puñales oscuros que volaron hacia el sacerdote atravesándolo, y aunque aguanto con bravura el primer envite al segundo su cuerpo dijo basta y cayo al suelo perdiendo la conciencia, mientras tanto Leopold conseguía defenderse de los sectarios que lo habían rodeado, su brazo derecho ya colgaba inerte, la magia lo había dejado así, aun así mientras se defendía con su escudo también iba golpeando a sus enemigos con el, y aunque muy mal herido aun aguantaba de pie, aunque su final cada vez estaba más cerca, pero el que aguantara en pie al final fue crucial para lo que ocurrió después, ya que sin su acto de valor Íñigo no hubiera podido atacar a Wasmeier y a su acompañante por la espalda...
Íñigo al igual que el resto escucharon los gritos de Leopold avisando que el hermano Karl estaba saliendo del almacén por la puerta trasera, con rapidez se fue moviendo hacía allí, ataviado con la capa negra le fue fácil pasar desapercibido del resto de sectarios que huían de aquel lugar perseguidos por los incineradores de Tzeentch, por suerte ninguno de estos demonios se percato de su presencia, cuando llego a la esquina del almacén miro la escena que tenía ante él, Ogmund ya había caído y Leopold a duras penas aguantaba de pie, Wasmeier y su acompañante miraban la escena dándole la espalda, era su momento, en su estoque había untado la ultima de las dosis que le había quitado al cuerpo del asesino, y aunque en ese momento no lo sabía aquello les iba a salvar la vida a todos, cogiendo aire se preparo para cargar por la espalda pero sus piernas no se movían, no era miedo ya que sabía que después de su ataque quizás lo siguiente que llegaría seria su muerte, estaba más que preparado para recibirla con los brazos abiertos, pero no era aquello lo que no le dejaba moverse, era algo más extraño, algo que nuca había experimentado, hacía que todo pasara lentamente y que fuera un simple espectador, veía como Leopold seguía recibiendo más golpes y su sangre iba salpicando el suelo mientras Wasmeier y su acompañante empezaban a irse del lugar, o lo intentaba ahora o todo estaría perdido, quizás el recuerdo de su madre o la esencia que aun quedaba de ella en su estoque hizo que aquella sensación desapareciera, con sigilo se movió hasta Wasmeier sin que nadie se percatara y con un ataque preciso consiguió que su estoque golpeara su cuello, pero apenas le hizo un rasguño del que salió un fino hilo de sangre, pero lo suficiente para que el veneno que impregnaba su estoque se mezclara con su sangre, aquello hizo que Wasmeier se girara entre asombrado y furioso por aquel ataque inesperado, su compañero al que llamo Diederick también se giro dispuesto a atravesarlo con su espada, aunque no fue necesario, Wasmeier extendió su mano hacía Íñigo para luego cerrarla con brusquedad, Íñigo empezó a retorcerse de dolor mientras una sensación de vacío inundaba su cuerpo, parecía que alguien estuviera extrayendo su alma, en apenas unos segundos su cuerpo yacía tendido en el suelo como un cascaron vacío, unos segundos antes Ramkir había llegado hasta el lugar desde una calle lateral, había presenciado el sacrificio de sus compañeros, sabía que el hechizo que estaba a punto de conjurar acabaría con la vida de Leopold, aparte de poder meterle en problemas, pero sabía que tenía que intentarlo, recogiendo todos los vientos de la magia que pudo consiguió domarlos a su gusto y una gran columna de fuego se materializo donde estaba Wasmeier y a su alrededor, pero para su asombro este parecía que no sufría ningún daño, no así los sectarios, que caían al suelo entre gritos de dolor, Leopold también sucumbió ante las llamas de su amigo, Diederick también se retorcía de dolor pero permanecía de pie, ¿ quien era Diederick ?, para Wasmeier debería de ser alguien al importante ya que con su magia lo saco de aquel infierno para acto seguido decirle que se fuera de allí, que ya sabia con quien tenia que ir, que su destino era mucho más importante que todo aquello, que él ya acabaría con aquella escoria y se reuniría con él, este tras unos segundos de confusión hizo lo que le habían ordenado y se escabullo entre las calles llenas de humo, en ese momento Wasmeier solo tenía una cosa en su cabeza, quemar a aquel hechicero brillante, con un movimiento de su mano su cuerpo empezó a levantarse del suelo hasta sobrepasar la altura de los tejados, desde allí podía ver con claridad a a Ramkir, a la vez que este ascendía Erwin llegaba hasta la escena, por desgracia salvo intentar auxiliar a sus amigos poco podía hacer, Wasmeier no estaba a su alcance, aunque si bajaba estaría preparado para atravesarlo con su mandoble.
A la desesperaba y mientras buscaba un lugar donde alejarse de su vista, Ramkir conjuro varias bolas de fuego que fueron impactando en Wasmeier sin apenas causarle daño, una mueca de perversa maldad se refregaba en su rostro mientras se preparaba a darle a Ramkir de su propia medicina, pero cuando estaba a punto de moldear los vientos de la magia un rictus de dolor se reflejo en su rostro, aquello hizo que perdiera el control de los vientos de la magia, furioso volvió a intentarlo pero esta segunda vez el dolor fue más intenso, haciendo que de su boca emanaran hilos de sangre, su cuerpo se retorció mientras emitía un grito de agonía, su cuerpo empezó a caer al vacío, golpeando con fuerza contra el suelo, rebotando en él varias veces, Erwin con un ataque preciso le separo la cabeza del cuerpo, conservando su cabeza como prueba, ya que el resto del cuerpo empezó a hincharse hasta que exploto, Ogmund había recuperado la conciencia justo para ver como el cuerpo de Wasmeier caía del cielo, aunque mal herido ayudo a Erwin y Ramkir a alejar del lugar los cuerpos de Íñigo y Leopold, a los que pudieron reanimar para con rapidez abandonar aquel lugar, el fuego y el humo inundaban esa parte de la ciudad, con gran esfuerzo consiguieron llegar hasta la capilla de Morr, donde como bien les había prometido la Gran Indagatrix Inga les estaría esperando, con rapidez curo sus heridas mientras estos le explicaban lo sucedido, tras evaluar la situación abandonaron la capilla de Morr para recoger el cuerpo del Capitán del Príncipe y dirigirse a Palacio, cerca del rio la gente había empezado a hacer una cadena para llevar cubos de agua hasta el fuego, pero toda esa parte de Altdorf estaba en llamas, hasta las primeras horas del alba el fuego no pudo ser controlado, miles de personas perecieron esa noche y de los que sobrevivieron la mayoría se convertirían en vagabundos...
En Palacio pudieron entrevistarse con el Campeón del Emperador, al que relataron todo lo ocurrido aquella noche, este tomo buena nota de ello, días más tardes pudieron enterarse que entre los guardias del Príncipe encontraron a un par más con el tatuaje de la Mano Purpura, pero ni el Príncipe ni nadie de sus asesores lo tenían, también pudieron averiguar que el tal Diederick Kastner era un templario de Sigmar que llevaba desaparecido varias semanas..., desde el Palacio se podía ver parte de la ciudad, el humo ascendía en grandes columnas mientras el fuego se iba apagando al no encontrar nada más que poder consumir, el alba trajo una ligera brisa, mientras contemplaban aquella escena, cada uno sumido en sus propios pensamientos una voz conocida les interrumpió, - señor Erwin, me ha resultado difícil encontrarles, les traigo un mensaje...,- cuando se giraron, ante ellos pudieron ver la cara conocida de su ayudante de cámara Simon Helmholtz...
sábado, 4 de diciembre de 2021
EL ENEMIGO INTERIOR. EL IMPERIO EN LLAMAS. Sesión 31
Las horas iban pasando lentamente, ya habían pasado varias desde que se había producido aquella desgracia, se había intentado todo lo posible pero nada había servido para mitigar aquella situación, todo hacía pensar que antes de que llegara un nuevo día todo habría acabado, que podía suceder o que consecuencias podría conllevar aquello era toda una incógnita, una oscura y peligrosa incógnita...
La noche ya hacía tiempo que había caído sobre la ciudad, Íñigo espera escondido entre las sombras algún movimiento sospechoso alrededor del Palacio, pero este no se había producido, la medianoche cada vez estaba más cerca, en silencio abandono su posición y con precaución abandono aquel lugar para dirigirse a la otra parte de la ciudad, pero al poco de alejarse del Palacio sus atentos ojos vieron como al final de la calle una sombra se deslizaba por la fachada del edificio hasta la calle, aquello no podía suponer nada bueno, por lo que sin pensarlo mucho y espada en mano salió corriendo hacía aquella sombra, en su carrera fue capaz de esquivar dos de los cuatro cuchillos que empezaron a volar en su dirección, por suerte los dos que consiguieron impactarle no le causaron mucho daño, después el combate apenas duro unos segundos, un golpe certero de Íñigo atravesó el pecho de aquel asesino acabando con rapidez con su vida, un tatuaje de Khaine atestiguaba la profesión que aquel hombre tenía, sus armas y un par de dosis de lo que parecía un veneno era lo único que llevaba encima, sin tiempo que perder se dirigió al punto de encuentro, cuando llego hasta el lugar de encuentro no había ni rastro de sus compañeros, por lo que se dirigió hasta donde en teoría se iba a producir el encuentro entre los sectarios, el barrio era un barrio pobre, lleno de casas o chabolas a punto de derrumbarse, en esa parte de la ciudad no se veían patrullas de guardias, se podía ver a gente en la calle intentando hacer más llevadero el calor sofocante que aun de noche caía sobre la cuidad, en su camino por esas calles pudo escuchar como un grupo de gente se arremolinaba en una casa mientras chillaban venganza por la muerte de algún miembro conocido, como bien pudo averiguar después sus compañeros en el camino hasta la plaza de la fuente de cobre se habían encontrado con un grupo de matones del lugar, y Leopold se había encargado de atravesar el cuello al gordo que llevaba la voz cantante y que no paraba de amenazarles, aquellas amenazas le habían salido caras, de un solo tajo, Leopold había acabado con sus bravatas, el resto de matones al ver aquello habían salido corriendo para salvar sus vidas, Íñigo se encontró con sus compañeros mientras estaban escondidos mirando lo que estaba pasando en la plaza.
Con la llegada de Íñigo y la facilidad con la que este podía pasar desapercibido pudieron averiguar los signos que se hacían la gente que acudía a la reunión en el viejo almacén, en cada una de sus tres puertas había apostados tres hombres encargados de certificar aquello, incluso a alguno le hacían que mostrara su tatuaje de la mano purpura, mientras Íñigo averiguaba aquello, Ogmund acompañado por Leopold se encargaron de buscar por las alcantarillas si había alguna entrada al almacén, pero su búsqueda no obtuvo ningún resultado, poco a poco el goteo de gente que llegaba fue disminuyendo hasta que cerraron las puertas, quedando un hombre vigilando cada puerta, aquello fue aprovechado por nuestros héroes para acercarse a cada una de las puertas acabando con sus vigilantes sin apenas hacer ruido, Leopold y Ogmund se encargaron de la puerta trasera, Íñigo de la puerta lateral y Erwin de la delantera, mientras que Ramkir desde una posición más alejada controlaba la zona de Íñigo y Erwin, como habían planeado rociaron todo el almacén con aceite para quemar y prendieron fuego al almacén, de dentro llegaban voces un poco subidas de tono, los allí presentes no parecían dispuestos a que un norteño fuese el nuevo líder de la secta, más aun cuando alguien importante de la Corte Imperial era la otra opción, incluso la opción de entregar a Karl a los guardias podría aun más afianzar a esa otra persona, pero lo que sucedió después de aquellas palabras nadie lo sabe, el fuego ya consumía gran parte del almacén y los gritos de dentro del almacén llegaban al exterior, a la vez que los vientos de la magia sufrían una alteración de las puertas del almacén empezaron a salir sectarios envueltos en llamas, algunos tropezaban con sus compañeros muertos cayendo al suelo, mientras otros corrían huyendo de aquel lugar perseguidos por varios incineradores de Tzeentch , con rapidez el fuego iba saltando de casa en casa propagándose por esa parte de la ciudad y llenado el lugar de un humo denso, una parte del almacén se había venido abajo a causa del fuego mientras por la puerta trasera un hombre vestido con hábitos rojos empezaba a abandonar aquel lugar protegido por varios sectarios, ese hombre con ropajes rojos era una persona bien conocida para Ogmund, su rostro enjuto parecía más una calavera que la de un ser vivo, pero aun así a quien tenía Ogmund y Leopold delante era el hermano Karl, aunque su nombre verdadero era Karl-Heinz Wasmeier, el antiguo juez de Middenheim...
viernes, 19 de noviembre de 2021
EL ENEMIGO INTERIOR. EL IMPERIO EN LLAMAS. Sesión 30
La sangre corría por su espalda, con cada latigazo su carne se abría dejando pequeños surcos de sangre, el dolor daba paso al placer, el placer daba paso a la adoración al dios de la sangre, Khaine, Khaine, Khaine, el nombre se repetía con cada latigazo...., había vuelto a fracasar y se merecía ese castigo, con delicadeza, como quien trata a una amante, guardo el látigo ensangrentado, se enfundo sus ropas negras mientras su mirada repasaba las armas que tenía encima de la mesa...
La noche cayo sobre Altdorf, el calor durante el día había sido agobiante y la noche no se presentaba mucho mejor, por la ventana de la habitación del Imperial no entraba ni una gota de aire, a mitad de noche Leopold se despertó con una sensación extraña, con cautela se acerco hasta la puerta, pero allí no noto nada extraño, se encamino a la ventana, según se acerco a ella pudo empezar a escuchar como un siseo continuo, al asomarse lo primero que vio fue la silueta de alguien envuelto en ropas negras que se movía por la esquina de la calle, pero no pudo centrarse mucho en esa extraña figura, el ruido que había escuchado provenía de una redoma que estaba sujeta en la parte alta de la ventana, esta tenía una mecha que estaba apunto de llegar a su fin, con rapidez afianzándose con una de sus manos se impulso hacía arriba consiguiendo con la otra mano lanzar la redoma a la calle, esta exploto en medio de la calle, aquello despertó de sus sueños al resto del grupo, pero antes de que ni siquiera pudieran hacerse una idea de lo que estaba pasando una fuerte explosión se produjo sobre sus cabezas, el techo de la habitación se desplomo sobre ellos, y Leopold salido despedido por la ventana a causa de la onda expansiva, por suerte era un primer piso y la caída no fue muy dura, cuando pudo incorporarse vio como al final de la calle la figura de negro caminaba hacia donde él estaba, con rapidez corrió para intentar esconderse en una de las calles laterales, por suerte pudo esconderse y volver a la posada, para cuando llego encontró a Íñigo ayudando a sus amigos a salir de entre los escombros, la buena noticia es que todos estaban vivos, con algún que otro rasguño pero nada grave, mientras en la calle varios de los huéspedes gritaban indignados al dueño del Imperial por lo ocurrido, a la vez que culpaban de aquello a algún ulricano, tras recuperar sus pertenencias y contestar alguna pregunta de la guardia pasaron lo que quedaba de noche en la habitación de Íñigo, la cual estaba en buen estado, la noche paso sin más sobresaltos.Al día siguiente el calor asfixiante no había disminuido, eso junto a la escasez de cerveza hacía que la gente de Altdorf estuviera bastante irritada, por la mañana fueron a visitar al primo del Emperador y nuevo Canciller Siegfried von Walfen, el accedió a conseguirles permisos para que pudieran moverse por la ciudad después del toque de queda, aunque esperaba que fueran lo más discretos posibles, les informo que el Emperador cada día estaba mejor y que pronto encabezaría el ejercito, también se intereso en lo ocurrido la noche anterior, intentaría averiguar quien había podido estar detrás de ese atentado, por desgracia alguna que otra vez no le quedaba más remedio que acudir a ese tipo de gente para realizar ciertos trabajos, tras pasar parte de la mañana con el Canciller se despidieron de él y volvieron a la posada no sin antes comprar varías redomas de aceite para quemar, una vez en la posada esperaron hasta que la tarde estuviera avanzada para coger posiciones, pero cuando estaban a punto de ello uno de los guardias del Canciller les comunico un mensaje, el hombre que había intentado matarles era un asesino llamado Eugen Klopstock, vivía cerca del sanatorio, si no le encontraban él los encontraría a ellos hasta acabar con todos.
Erwin, Ogmund y Ramkir permanecían escondidos en la otra parte de la ciudad, controlando los puentes que estaban más al este, mientras Íñigo y Leopold permanecían cerca del Palacio Imperial intentando ver quien podría ser uno de los futuros jefes de la Mano Purpura, aun faltaba cerca de una hora para medianoche cuando de Palacio salió un grupo de cinco guardias, aquello podría haber sido algo normal, pero Leopold pudo distinguir entre ellos al Capitán de la guardia del Príncipe, ante la duda Leopold decidió seguirlos, mientras Íñigo permanecía vigilando el Palacio por si salía alguien más, estos se dirigieron hasta los puentes del este, allí les dejaron pasar sin ningún problema cuando vieron quien se encontraba entre ellos, Leopold se acerco al rio para con el farol hacerles las señales establecidas al grupo del otro lado, Erwin, Ramkir y Ogmund empezaron a moverse deprisa entre los almacenes de esa parte del puerto, ocupando sus posiciones para emboscar al grupo cuando llegara donde ellos estaban, el combate que se produjo fue rápido, los cogieron por sorpresa, antes incluso de saber que estaba pasando, dos de los guardias cayeron abatidos y von Mühlerberg se vio envuelto en un fuego causado por Ramkir, aún así pudo hacer que Ogmund probara su acero antes de caer bajo su martillo implacable, el resto de los guardias fue cuestión de tiempo que sucumbieran a los ataques de Erwin y Ogmund, para entonces Leopold llego hasta donde estaban, todos ellos llevaban unas tiras de color morado y los cuatro guardias lucían en sus pechos el tatuaje de la mano purpura, von Mühlerberg no tenía dicho tatuaje, pero en su pecho mostraba una zona de su piel arrugada por los efectos de haber sufrido alguna herida con fuego, con rapidez quitaron los cuerpo de allí y los escondieron en una de los almacenes, para cuando acabaron de esconder los cuerpos casi era medianoche, Íñigo no había aparecido aún, no podían esperar más, aún tenían que llegar al punto de la reunión, por lo que los cuatro se embozaron en sus capas negras y se encaminaron hacía allí mientras esperaban que Íñigo los alcanzara por el camino...
jueves, 11 de noviembre de 2021
EL ENEMIGOO INTERIOR. EL IMPERIO EN LLAMAS. Sesión 29
Dos buenas bolsas de coronas de oro descansaban sobre la mesa, una cantidad de oro bastante importante, mucho más dinero de lo que el trabajo en si requería, un pago más que generoso, pero si estaba dispuesto a pagarlo no había más que hablar, con rápido gesto recogió las dos bolsas guardándolas entre sus ropas, con un asentamiento de cabeza abandono el lugar.....a esa hora era cuando más nerviosos se ponían, los gritos se podían escuchar claramente desde su cuarto, aunque a cualquiera esos gritos le pondrían nervioso a él aquello le servía para relajarse, para visualizar lo que tenía que hacer y como llevarlo a cabo, ya había perdido un día y eso era algo que le desagradaba...
Ramkir se dirigió a los Colegios de la Magia, en ellos volvió a ver a parte de sus compañeros de estudios, con ellos dialogo intentando averiguar si estaban al tanto de lo que estaba ocurriendo y de que lado se habían posicionado, el Gran Patriarca Thyrus Gormann siempre había sido leal al Emperador y así seguiría, en cuanto a los problemas más mundanos se mantenían aparte como siempre había ocurrido, los hechiceros de batalla se estaban preparando para entrar en combate, por lo que ocurría en el Este todo hacía presagiar que pronto Altdorf mandaría sus fuerzas hacía allí, poca más información podía sacar de allí, aunque antes de abandonar los Colegios hizo por encontrar a Sigfrido, y así ocurrió, en uno de los muchos pasillos pudo cruzar varías palabras con él, su arrogancia había ido en aumento, el trato que recibió de él fue claramente ofensivo, intentando menospreciarle, aunque la cosa no fue a mayores y cada uno siguió su camino a expensas de en un futuro rendirse cuentas mutuamente.
Tras su pequeña visita a los Colegios de la Magia se volvieron a juntar todos en el Imperial, por la tarde Íñigo y Ogmund tenían que encontrarse con el hombre de Francesco, este les informo que el hermano Karl no había tenido tratos con los chicos de Dieter, también les dijo que una nueva pandilla de gente de Altdorf se había formado en la parte noreste de la ciudad, en los barrios más marginales, por lo visto se hacían llamar los Purpuras o Morados, no habían intentado entablar contacto con ninguna otra banda de alrededor, tras la reunión quedaron en encontrarse en un par de días por si descubría algo más sobre esa nueva pandilla y por si averiguaba algo del secretario del Príncipe Martín Fechner, esa noche descansaron tranquilamente en el Imperial, aunque a la vuelta Íñigo pudo atrapar a un joven que les había estado siguiendo, el cual acabo desangrado en medio de un callejón tras no haber sacado nada en claro de sus explicaciones, a la mañana siguiente les habían dejado una nota anónima para que acudieran a la posada del Ahorcado si querían información sobre la Mano Purpura, aunque sospechaban que aquello podía ser una trampa a quien encontraron allí fue al Doktor Fassbinder, básicamente les conto lo que ya sabían de la nueva pandilla que se había formado en la ciudad, aunque seguía con la certeza de que alguien cercano a la corte o al Príncipe estaba involucrado, en pocos días se produciría una reunión de los integrantes de la secta para ver quien sería su cabecilla, al parecer nadie sabía quien era la persona cercana a la Corte Imperial, esperaba que pudieran llevar a buen puerto esta empresa y que por fin pudieran coger al hermano Karl, él esta misma tarde abandonaría Altdorf en una barcaza en dirección Sur, ya lo habían intentado matar una vez y si se enteraban que seguía vivo no creía que fallaran una segunda vez, con un fuerte abrazo se despidieron.
Tras volver al Imperial decidieron que esta misma noche la pasarían fuera, escondidos cerca de los dos puentes que estaban más al este de Altdorf, aunque había más puentes en la ciudad esos quizás eran los más directos hacía el barrio donde en teoría debería producirse la reunión de la secta, tampoco conocían que noche se produciría por lo que habría que estar alerta, antes de que cayera la noche tomaron posiciones, exceptuando Leopold que tubo que abandonar su puesto por miedo a que una patrulla de guardias lo pudiera ver, el resto pudo permanecer toda la noche en sus escondite, vigilando en la distancia los puentes, pero la noche paso sin que nadie cruzara por allí, con las primera luces de la mañana regresaron al Imperial, donde pudieron descansar hasta la hora de comer, por la tarde Íñigo y Ogmund se volvieron a entrevistar con el hombre de Francesco, de Martín Fechner no había podido averiguar nada, era un hombre que no salía de Palacio, en cambio de la pandilla de los Purpura si que tenía noticias frescas, por un lado confirmo lo que les había dicho Fassbinder de que estaban preparando una reunión para ver quien sería su líder, por lo visto había una pelea de gallos entre alguien importante de Altdorf del cual se desconocía su identidad y ese tal Karl, la reunión se iba a a producir en un almacén al lado de la fuente de cobre, una parte delicada de ese barrio marginal, por lo visto la reunión seria mañana a medianoche, con aquella información en su poder tenían un día para pensar como actuar, si involucraban a alguien en todo aquello podían espantar a sus lideres y no cogerles, por lo que al parecer otra vez deberían actuar solos, esa misma tarde hablaron con la Gran Indagatrix, si en una persona podían confiar era en ella, les comunico que sus servicios habían sido requeridos en Stirland, varios casos de nigromancia hacían que tuviera que partir hacía allí, por suerte hasta dentro de dos días no abandonaría Altdorf, por lo que accedió a sus planes, se encargaría de guardar sus armas en la capilla de Morr, y ella misma estaría allí mañana por la noche por si tenían que llevar a alguien ante ella para con sus conocimientos hacerle hablar, a fin de cuentas era lo mínimo que podía hacer por ellos después de todo lo que habían arriesgado ellos por el Imperio, solucionado el tener preparadas sus armas para esa noche y el tener a la Gran Indagatrix a su disposición por si la necesitaban para sacar información a algún sectario se dirigieron al Imperial, debían hilar muy bien como iban a moverse esa noche y que pasos iban a dar, esta noche por lo menos podrían descansar entre cómodos colchones de pluma, si algo salía mal quizá para algunos de ellos podría ser la ultima vez...


