martes, 24 de marzo de 2020
EL ENEMIGO INTERIOR. EL CASTILLO DRACHENFELS. Sesión 9
Los golpes se volvían a oír por todo el castillo, en un primer momento se había asustado llevándose las manos a la cabeza para así poder amortiguar el ruido, pero por mucho que se tapase los oídos los ruidos seguían oyendo, golpes continuos como si estuviesen derribando el castillo, de golpe igual que habían aparecido los golpes se desvanecieron, poco a poco fue saliendo de donde estaba acurrucado, acercándose a la puerta y asomándose con cautela al pasillo...
Ogmund se acercó a las dobles puertas que estaban en la parte Oeste del pasillo, con cautela tanteo las puertas pero estas se encontraban cerradas con llave, cogiendo su martillo con fuerza se dispuso a abrirlas a base de golpes, el ruido al golpearlas retumbaba por los pasillos mientras iban cediendo poco a poco, pero de repente empezó a sentir como sus piernas empezaban a estar como entumecidas causándole un gran dolor, con determinación lanzó un último golpe que hizo abrir las puertas a la vez que un gran dolor le recorría todo el cuerpo haciéndole escupir sangre por su boca, detrás de las puertas ante ellos se abría una gran sala con varios altares menores en la pared del Sur, había altares de todos los Dioses del Caos conocidos y varios altares que les resultaban desconocidos, delante de ellos colgando del techo se encontraba una jaula dorada y en su interior una arpía que aferrada a los barrotes les miraba con rabia y mirada hambrienta, en la pared del Norte pudieron ver una gran vidriera donde se podía ver al Dios del Caos Khorne a horcajadas sobre una montaña de cráneos, delante de la vidriera había un gran trono de madera esculpido con caras deformadas y delante del trono había lo que parecía un gran cristal de forma esférica, a ambos lados cortinas negras que representaban distintas imágenes de Constant Drachenfels, con cuidado Erwin se acercó a las cortinas rodeando el espejo esférico por detrás, detrás de las cortinas no había nada escondido y las imágenes solo representaban a Constant Drachenfels cometiendo atrocidades, mientras Ogmund le lanzo una de sus raciones a la arpía esperando poder hablar con ella, pero aparte de miradas de odio y chillidos no pudo sonsacarle mucho más, por miedo a que aquello fuera un portal o algo peor decidieron entornar las puertas y abandonar la gran sala, avanzaron por el pasillo hasta la puerta que había en la pared del Este, esta se abrió sin ningún esfuerzo, dentro había distintas armas y escudos con los emblemas de Bretonia, El Imperio, Tilea y Kislev, en ellos había grabados distintos simbolos de los Dioses del Caos, incluso en alguno había varios simbolos interpuestos, al fondo de la habitación se podía ver otra puerta cerrada, con cautela pasaron al interior avanzando hasta el fondo para ver que se escondía detrás de dicha puerta pero antes de poder llegar dos armaduras ornamentales que se encontraban en la pared del Oeste empezaron moverse avanzando hasta donde se encontraban Ogmund y Erwin, Erwin esgrimió su mandoble mágico dando fuertes golpes a su enemigo e ignorando su armadura con el poder del que estaba imbuido, pero la armadura parecía no notar los golpes, ante aquello Erwin y Ogmund decidieron retroceder hasta salir al pasillo haciéndose fuertes allí, pero las armaduras una vez abandonaron la habitación volvieron a su posición permaneciendo quietas, Ramkir utilizo su poder creando tres bolas de fuego que hizo impactar sobre una de las armaduras, esta cayó al suelo desmontándose en distintas partes, con la otra hicieron lo mismo y mediante una cuerda sacaron los mandobles fuera de la habitación, preparados, Erwin y Ogmund volvieron a entrar en la habitación, Ogmund corrió hacia la puerta del fondo para ver si estaba abierta mientras Erwin le cubría las espaldas, en el momento que entraron las armaduras se empezaron a rehacerse, pero esta vez entre Erwin y Ogmund acabaron con ellas antes de que se terminaran de formarse mientras que Ramkir lanzaba lejos del pasillo los dos mandobles que también intentaban unirse a las armaduras.
Ya sin el peligro de aquellas dos armaduras animadas miraron con detenimiento lo que la nueva habitación les deparaba, era una habitación mucho más grande de la que estaban ahora, en ella se podía ver suciedad por varias partes y sobre todo diez cuerpos momificados cada cual en una muerte más horrenda, había un cuerpo de una persona obesa con la boca abierta llena de lo que en su día sería comida, otro con medio cuerpo metido en un recipiente que bien podía haber sido coñac, cerca había otro cuerpo medio desfigurado con miles de cortes y a su alrededor monedas con un gran filo en sus cantos, manchadas de sangre seca, pero aparte de los diferentes cuerpos lo que les llamó la atención fue lo que al fondo de la habitación vieron, sobre un pedestal había varios objetos y distintas joyas, entre esos objetos tres sobresalían claramente sobre el resto, una espada de acero bendita, su filo así lo atestiguaba, pocas de esas espadas quedaban en el Viejo Mundo, ya hacía mucho que nadie había podido volver a crear una de esas devastadoras armas, a su lado un bastón con los emblemas de algún alto cargo de los Colegios de la Magia y a su lado un sudario con un grabado, el emblema de Magnus el Piadoso, con suspicacia ante el miedo de entrar y que aquellos cuerpos cobrarán vida como las armaduras de antes, decidieron probar suerte como antes con los mandobles, con la cuerda intentaron lanzarla para poder coger los objetos, pero por una extraña razón la cuerda no llegaba hasta donde se encontraban, si los querían coger no les quedaría otro remedio que entrar a por ellos....
miércoles, 18 de marzo de 2020
EL ENEMIGO INTERIOR. EL CASTILLO DRACHENFELS. Sesión 8
De repente el silencio fue roto por el ruido de un golpe, un ruido amortiguado por la distancia, pero tras ese primer golpe vinieron otros, en su cabeza sonaban como si estuvieran golpeando justo a su lado, cada golpe causaba un dolor lacerante en su cabeza, aquella sensación le resultaba desagradable a la vez que le traía recuerdos de un pasado ya lejano, con determinación intentó mover sus manos, incluso mover los párpados, pero aunque notaba que poco a poco iba recuperando las fuerzas estaba tan débil que incluso aquello solo le causaba dolor..., de repente los golpes cesaron y otra vez la calma reinó en el lugar, poco a poco volvió a caer en un sueño en el que el Viejo Mundo sucumbía ante él.....
Tras haber inspeccionado el Gran Salón nuestros héroes se encaminaron hacia la primera de las puertas que había en la pared del Oeste, tras abrirla con cuidado pudieron ver que daba a una habitación grande, en ella pudieron ver lo que sería la cocina del castillo, una gran mesa con restos de tubérculos, ollas y demás utensilios de cocina estaban esparcidos por la mesa y el suelo, también había una gran chimenea donde se podían apreciar gran cantidad de excrementos humanos, tanto resecos como recientes, pero lo que mas alerto a Erwin fue dos cuerpos a los que les faltaban trozos de carne, con rostros cadavéricos, se giraron hacia su dirección y con movimientos torpes empezaron a andar hacia la puerta, en sus manos portaban grandes cuchillos de carnicero, decidieron hacerse fuerte en la puerta y esperar a que los zombis llegarán hasta ellos, pero lo que paso entonces dejó desconcertado a Erwin, de repente cuando los dos zombis estaban a unos pasos empezaron a cambiar, sus cuerpos empezaron a recomponerse hasta convertirse en la viva imagen de dos amigos suyos, Johan al que perdieron en Bögenhafen y a Nikkit al que dejaron hace unos días en Bolgasgrad, pero aun no había terminado de asimilar aquello cuando entre ellos empezaron a lanzarse cuchilladas, con cada una de ellas un trozo de carne salía despedido rociando el suelo de sangre, parte de esa sangre salpicó a Erwin, horrorizado pudo ver como esa sangre se convertía en gusanos que se metían entre su armadura, con rapidez retrocedía mientras Ogmund cerraba la puerta y sujetaba su picaporte para que nadie desde el interior pudiera abrirla, de dentro se podían oír el típico ruido de cuchillos cortando carne y grandes gritos de dolor, al cabo de un rato los gritos cesaron produciendo un tenso silencio, mientras tanto Erwin se había desprovisto de su armadura para eliminar a aquellos malsanos gusanos que recorrían todo su cuerpo, tras volverse a vestir y con pocas ganas de volver a abrir aquella puerta decidieron probar suerte con la que había mas al Norte en la pared del Este, la puerta daba a un largo pasillo que acababa con un recodo hacia el Norte y un puerta hacia el Sur, pero a Ogmund no le cuadraba lo que veía, Ramkir colaboro lo que Ogmund ya había percibido, el pasillo parecía mucho mas largo de lo que debería ser, por magia o por algún otro truco no cuadraba con las dimensiones del castillo, temerosos de lo que les pudiera acontecer decidieron cerrar la puerta e inspeccionar la puerta que les quedaba mas al Norte en la pared del Oeste, abrieron con cuidado la puerta, era una habitación pequeña, la oscuridad reinaba en su interior, gruesas cortinas negras colgaban de todas sus paredes y al fondo una mesa con una tela con el emblema de Catai ocultaba algo, frente a la mesa un había gran sillón vacío, con sumo cuidado entraron Erwin y Ogmund, este último fue retirando la tela que cubría la mesa, sobre ella había una docena de instrumentos de musica de viento y cuerda, eran instrumentos muy extraños, nunca habían visto esa clase de instrumentos, ni en el Imperio ni en Kislev, en el momento que levanto la tela en la estancia empezó a sonar unos compases de musica atonal nipona y dos espíritus con la apariencia de un par de monjes nipones con túnicas de color azafrán empezaron a levitar por encima de ellos, con cuidado volvieron a tapar los instrumentos y abandonaron la sala, entre esta sala y la de la cocina había un espacio lo suficiente grande como para poder albergar otra habitación, pero por mas que buscaron no encontraron ningún indicio de alguna puerta oculta. Tras ello volvieron sobre sus pasos hasta la primera habitación que abrieron, en ella aun estaban los seis cadáveres que atados a sus butacones les habían arrancado la piel, con cuidado Erwin paso dirigiéndose hacia la puerta que había al Norte de la habitación, a medio camino se escuchó como un chasquido seguido de un latigazo al romperse uno de los músculos de uno de los muertos, este abrió la boca como para lanzar un grito, pero así quedo, con la boca exageradamente abierta en un grito silencioso, sin mas sobresaltos Erwin y el resto avanzaron hacia la puerta que daba a un pequeño pasillo, primero inspeccionaron una puerta a mitad de pasillo, daba a una habitación del Este del castillo, la habitación estaba inusualmente limpia, en su interior había toda clase de relojes, algunos funcionando y otros desmontados, con piezas esparcidas por todos lados, sin nada mas que les llamara la atención siguieron por el pasillo hasta llegar al otro lado, en la parte Norte, al abrir la puerta vieron un gran pasillo en forma de ele, era el mismo pasillo que habían visto desde el Gran Salón, hacia el Oeste daba a esa puerta, pero hacia el Norte había cuatro puertas, dos en la pared del Este, una en la del Oeste y otra al Norte al final del pasillo, decidieron ir primero a la primera puerta de la pared del Este, cuando entraron en el pasillo pudieron ver que todo el estaba repleto de tapices con distintas imágenes tanto al aire libre como dentro de edificios de gente relacionándose, justo cuando Erwin llegó a la puerta paro en seco y girándose hacia Ramkir le empezó a cuestionar y recriminar sus intenciones hacia ellos, su tono fue subiendo de intensidad hasta que con decisión sacó su espada a relucir, Ramkir retrocedió lo mas deprisa posible mientras concentraba los vientos de la magia a su alrededor intentando disolver la magia si allí había algún encantamiento, desde luego no lo consiguió ya que Erwin se abalanzó sobre el atándolo con todas sus fuerzas, su primer golpe fue certero pero Ramkir pudo interponer su bastón en el ultimo instante, en ese momento Ogmund se abalanzo por la espalda de Erwin y ayudándose con su martillo intento inmovilizarlo, y aunque en un primer momento lo consiguió el ímpetu y la fuerza de Erwin lo hizo liberarse para lanzar un último ataque que si que consiguió herir a Ramkir, este siguió retrocediendo saliendo del pasillo y volviendo a concentrar los vientos de la magio intento que Erwin cayera dormido, pero la voluntad de Erwin era tan fuerte que el hechizo no causo ningún efecto sobre el, por suerte en el momento que Erwin se disponía a atacar en vez de ello cayo de rodillas dejando caer su espada al suelo, aun perplejo por lo que había hecho y sin apenas poder dar una explicación por lo que había pasado pidió perdón a Ramkir, tras lo sucedido decidieron que entraría solo uno de ellos en el pasillo, en este caso fue Ogmund el que se dirigió hacia la puerta, nada extraño sucedió, la puerta estaba cerrada con llave, pero no hay nada que un buen martillo no consiga, o eso por lo menos pensó Ogmund, y con varios golpes consiguió que la cerradura de la puerta ya no fuera un estorbo, con miedo a lo que pudiera volver a pasar cruzaron por el pasillo Erwin y Ramkir hacia la habitación pero nada extraño ocurrió, la habitación parecía una pequeña biblioteca, pero en ella apenas quedaban unos cuantos libros aun en condiciones de poder ser leídos, y trataban sobre temas mundanos, detrás de la biblioteca hacia una gran cantidad de moho rojo lleno de esporas pero Ramkir lo vio a tiempo y no se acerco a él, en la mesa había también papeles, pero por la humedad nada se podía leer en ellos, por ultimo en la pared del Norte había colgadas cinco mascaras de distintos materiales, desde hierro hasta papel, pero prefirieron no acercarse a ellas, en la pared del Este había una puerta al igual que la de la habitación estaba cerrada con llave, Ogmund intento forzarla con las ganzúas pero su intento fue en vano, así que martillo en mano intento abrirla como anteriormente, pero aunque su golpe fue de verdad poderoso ni siquiera toco la madera, una barrera azulada absorbió el golpe lanzando pequeños destellos azulados hacia los lados, si querían saber que guardaba esa puerta necesitarían la llave para poder abrirla, sin nada mas que hacer allí volvieron hacia el pasillo mientras se dirigían al resto de puertas que en él había...
martes, 10 de marzo de 2020
EL ENEMIGO INTERIOR. EL CASTILLO DRACHENFELS. Sesión 7
Le quedaba poco tiempo, ya tenía que haber ido junto a su señor, la cena estaba a punto de celebrarse, desde que habían partido de Altdorf un terrible presentimiento lo había acompañado, pero nadie quería escuchar los miedos de un simple iniciado de Sigmar, con rápidos movimientos trazo palabras casi ilegibles en un trozo de papel y lo enrollo para poder introducirlo en un frasco de cobre, escondiéndolo debajo de una piedra suelta del suelo de su humilde habitación, para mas seguridad de que no sería encontrado apoyo una pata del camastro sobre la piedra, aterrado ante lo que podría pasar se arrodilló junto al camastro rezando para que Sigmar protegiera sus almas y le diera fuerzas ante lo que habría de venir, después con paso firme abandonó su habitación cerrando la puerta tras de si...
Erwin, Ogmund y Ramkir estaban junto a la puerta de entrada del castillo Drachenfels, la tarde ya estaba bastante avanzada y apenas quedarían un par de horas de luz, antes de entrar decidieron que comprobarían que había alrededor del castillo, con cautela se dirigieron a la parte Este del patio de armas, desde allí fueron rodeando el castillo, seis torres lo circundaba interconectadas por las altas murallas, la otra torre se alzaba desde la parte trasera del propio castillo, justo en la parte trasera había un edificio de un tamaño considerable que por lo que pudo deducir Erwin sería una casa de huéspedes, en el patio de armas había un pozo, en su interior flotando en el agua vieron huesos y trozos de carne humana tanto en estado de descomposición como carne fresca, en la otra parte del patio de armas se alzaba una fuente de dos metros de altura que representaba a dos jóvenes entrelazados, los jóvenes tenían distintas mutaciones y pústulas por todo sus cuerpo, como mínimo resultaba una imagen angustiosa y perturbadora.
Como la noche no tardaría en llegar y la tormenta ya amenazaba con llegar hasta el castillo decidieron que investigarían la casa de huéspedes para así poder descansar allí y a primera hora del dia siguiente entrarían al castillo, una doble puerta de roble macizo era su única entrada, su interior estaba en la mas absoluta oscuridad, Ogmund encendió su farol y con el fueron investigando las habitaciones, algunas de ellas estaban en buen estado mientras otras habían sido saqueadas, en el ala Este en una habitación encontraron un Orco muerto con su hacha oxidada en la mano, sin ningún rastro de haber recibido una herida y una expresión de terror en la cara, en el ala Oeste una de las habitaciones era especial, su mobiliario era el mas austero pero en su interior se respiraba cierta tranquilidad, para Ogmund era como si Sigmar estuviera allí, al registrar la habitación Erwin se percató de que un adoquín del suelo estaba suelto, tras apartarlo descubrió un frasco de cobre con una nota dentro, en ella un joven iniciado de Sigmar relataba sus malos auspicios sobre las intenciones del dueño del castillo, decidieron que descansarían en esa habitación, cenaron y se prepararon para pasar la noche, Ramkir realizó la primera guardia sin que nada extraño sucediera, Erwin cogio el relevo y justo cuando estaba a punto de despertar a Ogmund para revelarlo se escuchó un terrible grito de mujer del ala Este del edificio, el grito desperto a Ogmund y ambos se miraron con cierto temor en sus caras, unos segundos mas tarde pudieron escuchar un fuerte golpe, como si las puertas de entrada se hubieran abierto y golpean las paredes al ritmo del aire que junto a la tormenta reinaba fuera del edificio, preocupados y en guardia terminaron de pasar la noche, a la mañana siguiente la tormenta seguía sobre ellos, con cautela abandonaron la habitación, en la puerta Ramkir pudo ver pequeños arañazos que la cruzaban de lado a lado.
Desandando sus pasos llegaron hasta la entrada al castillo, dentro entraron por un largo pasillo con una puerta al final, el pasillo estaba esculpido con garras, cabezas y como cuerpo saliendo de sus paredes, varias garras y cabezas estaban rotas en el suelo, con cautela avanzaron en fila para mantenerse alejados de las garras, llegaron al otro extremos del pasillo sin que nada ocurriera, pero en ese momento Erwin que iba en cabeza dio un paso atrás, la idea de atravesar esa puerta no era muy buena, lo mejor era dar media vuelta ahora que estaban a tiempo, Ogmund tambien empezo a pensar de esa forma, en cambio Ramkir no pensaba lo mismo y adelantándose a Erwin decidió abrir la puerta y ver que había al otro lado, en la puerta noto que había magia, pero sin poder hacer mucho mas decidió abrirla, no ocurrió nada, al otro lado había una sala pequeña y cuadrada con un a puerta a cada lado, Erwin avergonzado porque un mago demostrara mas valor que el se rehizo y siguió a Ramkir al otro lado, Ogmund tras unos segundos de duda tambien atravesó la puerta, primero decidieron abrir la puerta del Este, esta daba a una gran sala donde había seis cómodas butacas y sobre cada butaca un muerto sentado y amordazado, en una esquina de la habitación sobre un carrito con ruedas había distintos bisturís y tiras de piel secas, cerraron la puerta y probaron a brir la del Norte, esta daba a un gran salón sobre el que había dispuesta una gran mesa, sus comensales aun seguian alli, o mejor dicho sus huesos, los esqueletos de hombres y mujeres estaban sentados en sus asientos como si estuvieran a punto de ponerse a cenar, sus ropas estaban en muy mal estado, desde donde estaban poco mas podían descubrir de los allí presentes, aunque el oro lanzaba destellos con la luz del farol, cerraron la puerta y abrieron la del Oeste, esta daba acceso a una gran sala, decidieron entrar y ver que habia alli, en el Sur había dos puertas, una de ellas daba a un ropero donde había varias capas deshilachadas por el tiempo, la otra puerta era un servicio con cierto lujo, en la parte Norte de la sala habia un escenario y delante de el habia dispuestas sillas para presenciar lo que alli se hubiera reprfoducido, en la parte Oeste de la sala habia un apuerta, hacia alli se dirijieron con suma cautela, de momento no habian encontrado ninguna amenza, aunque la maldad que el propio castillo emanaba les hacia estar atentos y precabidos...
Erwin, Ogmund y Ramkir estaban junto a la puerta de entrada del castillo Drachenfels, la tarde ya estaba bastante avanzada y apenas quedarían un par de horas de luz, antes de entrar decidieron que comprobarían que había alrededor del castillo, con cautela se dirigieron a la parte Este del patio de armas, desde allí fueron rodeando el castillo, seis torres lo circundaba interconectadas por las altas murallas, la otra torre se alzaba desde la parte trasera del propio castillo, justo en la parte trasera había un edificio de un tamaño considerable que por lo que pudo deducir Erwin sería una casa de huéspedes, en el patio de armas había un pozo, en su interior flotando en el agua vieron huesos y trozos de carne humana tanto en estado de descomposición como carne fresca, en la otra parte del patio de armas se alzaba una fuente de dos metros de altura que representaba a dos jóvenes entrelazados, los jóvenes tenían distintas mutaciones y pústulas por todo sus cuerpo, como mínimo resultaba una imagen angustiosa y perturbadora.
Como la noche no tardaría en llegar y la tormenta ya amenazaba con llegar hasta el castillo decidieron que investigarían la casa de huéspedes para así poder descansar allí y a primera hora del dia siguiente entrarían al castillo, una doble puerta de roble macizo era su única entrada, su interior estaba en la mas absoluta oscuridad, Ogmund encendió su farol y con el fueron investigando las habitaciones, algunas de ellas estaban en buen estado mientras otras habían sido saqueadas, en el ala Este en una habitación encontraron un Orco muerto con su hacha oxidada en la mano, sin ningún rastro de haber recibido una herida y una expresión de terror en la cara, en el ala Oeste una de las habitaciones era especial, su mobiliario era el mas austero pero en su interior se respiraba cierta tranquilidad, para Ogmund era como si Sigmar estuviera allí, al registrar la habitación Erwin se percató de que un adoquín del suelo estaba suelto, tras apartarlo descubrió un frasco de cobre con una nota dentro, en ella un joven iniciado de Sigmar relataba sus malos auspicios sobre las intenciones del dueño del castillo, decidieron que descansarían en esa habitación, cenaron y se prepararon para pasar la noche, Ramkir realizó la primera guardia sin que nada extraño sucediera, Erwin cogio el relevo y justo cuando estaba a punto de despertar a Ogmund para revelarlo se escuchó un terrible grito de mujer del ala Este del edificio, el grito desperto a Ogmund y ambos se miraron con cierto temor en sus caras, unos segundos mas tarde pudieron escuchar un fuerte golpe, como si las puertas de entrada se hubieran abierto y golpean las paredes al ritmo del aire que junto a la tormenta reinaba fuera del edificio, preocupados y en guardia terminaron de pasar la noche, a la mañana siguiente la tormenta seguía sobre ellos, con cautela abandonaron la habitación, en la puerta Ramkir pudo ver pequeños arañazos que la cruzaban de lado a lado.
Desandando sus pasos llegaron hasta la entrada al castillo, dentro entraron por un largo pasillo con una puerta al final, el pasillo estaba esculpido con garras, cabezas y como cuerpo saliendo de sus paredes, varias garras y cabezas estaban rotas en el suelo, con cautela avanzaron en fila para mantenerse alejados de las garras, llegaron al otro extremos del pasillo sin que nada ocurriera, pero en ese momento Erwin que iba en cabeza dio un paso atrás, la idea de atravesar esa puerta no era muy buena, lo mejor era dar media vuelta ahora que estaban a tiempo, Ogmund tambien empezo a pensar de esa forma, en cambio Ramkir no pensaba lo mismo y adelantándose a Erwin decidió abrir la puerta y ver que había al otro lado, en la puerta noto que había magia, pero sin poder hacer mucho mas decidió abrirla, no ocurrió nada, al otro lado había una sala pequeña y cuadrada con un a puerta a cada lado, Erwin avergonzado porque un mago demostrara mas valor que el se rehizo y siguió a Ramkir al otro lado, Ogmund tras unos segundos de duda tambien atravesó la puerta, primero decidieron abrir la puerta del Este, esta daba a una gran sala donde había seis cómodas butacas y sobre cada butaca un muerto sentado y amordazado, en una esquina de la habitación sobre un carrito con ruedas había distintos bisturís y tiras de piel secas, cerraron la puerta y probaron a brir la del Norte, esta daba a un gran salón sobre el que había dispuesta una gran mesa, sus comensales aun seguian alli, o mejor dicho sus huesos, los esqueletos de hombres y mujeres estaban sentados en sus asientos como si estuvieran a punto de ponerse a cenar, sus ropas estaban en muy mal estado, desde donde estaban poco mas podían descubrir de los allí presentes, aunque el oro lanzaba destellos con la luz del farol, cerraron la puerta y abrieron la del Oeste, esta daba acceso a una gran sala, decidieron entrar y ver que habia alli, en el Sur había dos puertas, una de ellas daba a un ropero donde había varias capas deshilachadas por el tiempo, la otra puerta era un servicio con cierto lujo, en la parte Norte de la sala habia un escenario y delante de el habia dispuestas sillas para presenciar lo que alli se hubiera reprfoducido, en la parte Oeste de la sala habia un apuerta, hacia alli se dirijieron con suma cautela, de momento no habian encontrado ninguna amenza, aunque la maldad que el propio castillo emanaba les hacia estar atentos y precabidos...
martes, 11 de febrero de 2020
EL ENEMIGO INTERIOR. EL CASTILLO DRACHENFELS. Sesión 6
La oscuridad lo envolvía todo, incluso los sentidos estaban adormecidos ante la totalidad falta de luz y de vida, ningún ruido rompía el silencio sepulcral que allí había, el mismo aire era tan denso y viciado que bien se podría cortar con un cuchillo, apenas podía mover los dedos de las manos, donde estaba, cuánto tiempo llevaba inconsciente o como habia llegado aqui eran preguntas que de momento no tenían respuestas, se sentía tan agotado y dolorido que poco a poco la oscuridad lo volvió a envolver ...
Con rapidez habían conseguido alcanzar una parte del camino donde podrían hacer frente a las aves carroñeras que sobrevolaban sus cabezas, estas empezaron a caer en picado sobre ellos, por suerte entre la magia de Ramkir y las armas de Erwin y Ogmund consiguieron acabar con ellas sin recibir apenas daño, tras cerciorarse que no había mas sobrevolando sus cabezas siguieron caminando donde suponían que estaba el castillo, la niebla cada vez era mas densa y la ligera lluvia les iba calando poco a poco, mientras caminaban entre la niebla de nuevo volvieron a ver el castillo y sus torres, pero esta vez la visión fue fantasmagórica, el castillo parecía como una mano decrepita, sus torres estaban inclinadas como dedos artríticos, en tal estado estaban que no parecía que pudieran aguantar la tormenta que poco a poco avanzaba hacia el castillo, de la torre central se podía apreciar una luz que rompía la oscuridad que allí había, de nuevo la niebla volvió a ocultar el castillo, siguieron avanzando hasta un cruce de caminos, por un lado el camino seguía recto en dirección al castillo, mientras que otro camino subía mas arriba hasta lo que quedaba de un antiguo templo o ermita, sólo sus muros medio derruidos quedaban en pie, el grupo siguió en dirección al castillo, tras andar unos minutos llegaron hasta la entrada del castillo Drachenfels, una muralla de siete metros de altura y seis altas torres les daban la bienvenida, ante ellos dos grandes puertas de madera maciza protegían la entrada, junto a una de las puertas yacía en el suelo un burro destripado y medio devorado, las puertas apenas estaban entreabiertas, empujando una de ellas consiguieron abrirla lo suficiente para poder entrar, lo primero que vieron era que el suelo adoquinado tenía un brillo raro, estaba como engrasado, cuando se fijaron mas en ello pudieron descubrir restos de piel o huesos pequeños entre los adoquines, por desgracia Ogmund certifico los mas lugubres pensamientos, aquello era grasa humana.
Delante de ellos tenían el edificio principal, y a ambos lados tenían lo que podría ser algún almacén o caballerizas, primero abrieron el del Este, en el suelo y en dirección hacia el Norte se veían lo que podría ser el rastro de alguien que hubiera pasado por aquel lugar, de momento lo dejaron estar y se centraron en el edificio, allí pudieron ver que en su día debería hacer las funciones de caballerizas, pudieron vislumbrar huesos de los esqueletos de varios caballos desperdigados por el suelo, viendo aquello y deduciendo que allí poco o nada de utilidad podrían encontrar se dirigieron hacia el edificio del lado Oeste, en el lo único que vieron es un carruaje, de un negro brillante con cuatro faroles de oro, cortinas corridas de terciopelo rojo y en las puertas en lugar de tiradores tenía una mano de skaven coronada por una cabeza skaven, mientras discutían que hacer de repente el carruaje cargo contra ellos para intentar arrollarlos, por suerte pudieron esquivarlo y salieron al exterior y con ellos el carruaje, en ese momento de el se bajaron dos esqueletos llenos de telarañas y vestidos con harapos, Erwin con su mandoble se encargó de ambos mientras Ramkir lanzaba pequeñas bolas de fuego sobre el carruaje haciendo que su techo empezara a arder, pero también pudo apreciar que en aquel lugar los vientos de la magia fluían extraños, por unos minutos su silueta adquirió una forma fantasmagórica, pero fue Ogmund quien mas sintió las extrañas energías que había en el castillo, de repente invoco la ayuda de Sigmar, pero como si una fuerza lo cogiera se arrodilló allí donde estaba con los ojos en trance , por dos veces el carruaje lo arrolló causándole heridas por todo el cuerpo, hasta que por fin Erwin pudo acudir en su ayuda mientras Ramkir y el fuego acababan con el carruaje, cuando Ogmund volvió en si apenas recordaba nada de lo que había sucedido, los dos esqueletos pertenecían a una mujer y a un hombre adinerados, dentro del carruaje había un esqueleto de una niña y de un niño, debajo de uno de los asientos pudieron rescatar una carta firmada con una D, en ella invitaba a un Marques junto a su familia al castillo, con poco mas que hacer se diriguieron a la doble puerta que daba aceso al edificio principal, Ogmund recordando sus antiguos conocimientos de ladron saco unas ganzuas para intentar abrir las puertas, pero por mas que urgo no consiguio desbloquear el mecanismo, con cara de resignacion guardo las ganzuas, tendrían que buscar las llaves en algun otro lugar, aunque por suerte alguien se apoyo en una de las puertas percatandose de que no estaban cerradas con llave, con cautela abrieron una de ellas produciendo un estridente gruñido....
Con rapidez habían conseguido alcanzar una parte del camino donde podrían hacer frente a las aves carroñeras que sobrevolaban sus cabezas, estas empezaron a caer en picado sobre ellos, por suerte entre la magia de Ramkir y las armas de Erwin y Ogmund consiguieron acabar con ellas sin recibir apenas daño, tras cerciorarse que no había mas sobrevolando sus cabezas siguieron caminando donde suponían que estaba el castillo, la niebla cada vez era mas densa y la ligera lluvia les iba calando poco a poco, mientras caminaban entre la niebla de nuevo volvieron a ver el castillo y sus torres, pero esta vez la visión fue fantasmagórica, el castillo parecía como una mano decrepita, sus torres estaban inclinadas como dedos artríticos, en tal estado estaban que no parecía que pudieran aguantar la tormenta que poco a poco avanzaba hacia el castillo, de la torre central se podía apreciar una luz que rompía la oscuridad que allí había, de nuevo la niebla volvió a ocultar el castillo, siguieron avanzando hasta un cruce de caminos, por un lado el camino seguía recto en dirección al castillo, mientras que otro camino subía mas arriba hasta lo que quedaba de un antiguo templo o ermita, sólo sus muros medio derruidos quedaban en pie, el grupo siguió en dirección al castillo, tras andar unos minutos llegaron hasta la entrada del castillo Drachenfels, una muralla de siete metros de altura y seis altas torres les daban la bienvenida, ante ellos dos grandes puertas de madera maciza protegían la entrada, junto a una de las puertas yacía en el suelo un burro destripado y medio devorado, las puertas apenas estaban entreabiertas, empujando una de ellas consiguieron abrirla lo suficiente para poder entrar, lo primero que vieron era que el suelo adoquinado tenía un brillo raro, estaba como engrasado, cuando se fijaron mas en ello pudieron descubrir restos de piel o huesos pequeños entre los adoquines, por desgracia Ogmund certifico los mas lugubres pensamientos, aquello era grasa humana.
Delante de ellos tenían el edificio principal, y a ambos lados tenían lo que podría ser algún almacén o caballerizas, primero abrieron el del Este, en el suelo y en dirección hacia el Norte se veían lo que podría ser el rastro de alguien que hubiera pasado por aquel lugar, de momento lo dejaron estar y se centraron en el edificio, allí pudieron ver que en su día debería hacer las funciones de caballerizas, pudieron vislumbrar huesos de los esqueletos de varios caballos desperdigados por el suelo, viendo aquello y deduciendo que allí poco o nada de utilidad podrían encontrar se dirigieron hacia el edificio del lado Oeste, en el lo único que vieron es un carruaje, de un negro brillante con cuatro faroles de oro, cortinas corridas de terciopelo rojo y en las puertas en lugar de tiradores tenía una mano de skaven coronada por una cabeza skaven, mientras discutían que hacer de repente el carruaje cargo contra ellos para intentar arrollarlos, por suerte pudieron esquivarlo y salieron al exterior y con ellos el carruaje, en ese momento de el se bajaron dos esqueletos llenos de telarañas y vestidos con harapos, Erwin con su mandoble se encargó de ambos mientras Ramkir lanzaba pequeñas bolas de fuego sobre el carruaje haciendo que su techo empezara a arder, pero también pudo apreciar que en aquel lugar los vientos de la magia fluían extraños, por unos minutos su silueta adquirió una forma fantasmagórica, pero fue Ogmund quien mas sintió las extrañas energías que había en el castillo, de repente invoco la ayuda de Sigmar, pero como si una fuerza lo cogiera se arrodilló allí donde estaba con los ojos en trance , por dos veces el carruaje lo arrolló causándole heridas por todo el cuerpo, hasta que por fin Erwin pudo acudir en su ayuda mientras Ramkir y el fuego acababan con el carruaje, cuando Ogmund volvió en si apenas recordaba nada de lo que había sucedido, los dos esqueletos pertenecían a una mujer y a un hombre adinerados, dentro del carruaje había un esqueleto de una niña y de un niño, debajo de uno de los asientos pudieron rescatar una carta firmada con una D, en ella invitaba a un Marques junto a su familia al castillo, con poco mas que hacer se diriguieron a la doble puerta que daba aceso al edificio principal, Ogmund recordando sus antiguos conocimientos de ladron saco unas ganzuas para intentar abrir las puertas, pero por mas que urgo no consiguio desbloquear el mecanismo, con cara de resignacion guardo las ganzuas, tendrían que buscar las llaves en algun otro lugar, aunque por suerte alguien se apoyo en una de las puertas percatandose de que no estaban cerradas con llave, con cautela abrieron una de ellas produciendo un estridente gruñido....
miércoles, 5 de febrero de 2020
El ENEMIGO INTERIOR. EL CASTILLO DRACHENFELS. Sesión 5
El padre Marcus miraba fijamente como Erwin, Ogmund y Ramkir abandonaban el castillo para dirigirse a las Montañas Grises, de solo pensar lo que estaban a punto de acometer se le estremecía todo el cuerpo, si solo una pequeña parte de lo que decían las leyendas eran ciertas el peligro al que allí se enfrentarían era horrible, no solo estaban arriesgando sus vidas, sus propias almas estaban en peligro, en estos momentos se sentía desdichado por no poder acompañarlos pero bien sabía que su lugar no era ese, debía regresar con rapidez a Altdorf y poner al día al Gran Teogonista de sus avances en Bretonia, y las nuevas que Erwin y Ogmund le habían contado del Norte del Imperio no hacían mas que agravar la situación...
Poco a poco se fueron internando en las Montañas Grises, sin ningún camino conocido era difícil orientarse entre las cientos de gargantas y riscos que iban pasando, pero con empeño se fueron abriendo camino, la noche llegó con rapidez y con ella el duro frío del invierno, rachas de gélido aire les acompañaron durante toda la noche provocando que tanto Ramkir como Ogmund apenas pudieran descansar, amaneciendo destemplados, el día siguiente no fue mucho mejor, apenas hicieron progresos, por ningún lado se veían indicios de ningún castillo y al final del día empezó a caer una ligera llovizna acompañada de una densa niebla, la cual les acompañó durante todo el día siguiente haciendo que no pudieran moverse por miedo a perderse, sin apenas comida y con el tiempo en su contra decidieron bajar de las Montañas hasta el valle por donde habían venido, con cuidado descendieron hasta llegar al bosque, una vez en el caminaron en dirección contraria a las Montañas Grises hasta encontrar una zona un poco mas elevada, allí Ogmund trepo por uno de los árboles mas altos para intentar ver lo que tenían a su alrededor y así poder orientarse, lo que vio fue una ligera columna de humo mas al Oeste, mas o menos por donde estaba la aldea de Serrac, con cautela hacia allí se dirigieron, una vez allí, escondidos en el linde del bosque pudieron ver que en medio del patio de armas del castillo se había prendido fuego a algo, una pira carbonizada así lo atestiguaba, tras acercarse un poco mas para sorpresa de Erwin y Ogmund vieron que por el castillo andaba un viejo conocido, el Padre Marcus junto a sus dos acólitos , también había hombres de armas con la heráldica de Montfort, mas seguros al ver al Padre Marcus decidieron bajar y andar hacia el Castillo, según se acercaban les dieron el alto animandoles a dejar sus armas, la cual cosa no estaban dispuestos a realizar ninguno de los tres, pero antes de que las cosas fueran a mayores el Padre Marcus atravesó las puertas para encontrarse con Erwin y Ogmund, dándoles un fuerte abrazo y invitándolos al interior del Castillo.
Una vez dentro y sentados alrededor de una mesa con comida y bebida pudieron hablar de lo que les había ocurrido durante estos meses, Erwin le puso al tanto de lo ocurrido en la ciudad de Middenheim y en el Norte del Imperio, en Kislev y mas allá, las noticias no eran nada halagüeñas, el propio Imperio estaba a punto de estallar en una guerra por ver quien ocuparía el trono si finalmente el Emperador moría, los radicales de Ulric cada vez se mostraban mas sin ningún temor, alentando el odio hacia Sigmar, y el Castillo Drachenfels volvía a ser nombrado tras varios siglos olvidado, el Padre Marcus les contó lo que sabia del Castillo, y les contó como de vuelta hacia Montfort decidieron buscar un lugar donde cobijarse de la lluvia y decidieron pedir cobijo en el Castillo, para cuando llegaron el Conde Enguerrant había abandonado el Castillo junto a una docena de sus mas fieles hombres, en su huida había mancillado la capilla del Grial con claros signos a Nurgle, abandonando a un campesino que en su interior había acogido la semilla de la putrefacción de Nurgle, sin poder hacer nada por el la hoguera fue su salvación para salvar su alma, el chico solo susurraba una palabra, Felsbrockemberg, mas tarde pudieron averiguar que se trataba de una antigua mina abandonada en la Montañas Grises.
El Padre Marcus sabedor de a dónde se dirigían santifico un lugar en la orilla del río y realizo la ceremonia para que Ogmund fuera ungido por la luz de Sigmar, durante el transcurso de la ceremonia Ogmund tuvo una visión, primero vio volar cuervos sobre la ciudad de Altdorf sintiendo que el Imperio está en peligro, para acto seguido ver como el Padre Marcus con los ojos en blanco habla con una voz que ni era la suya;
Veo la oscuridad reuniéndose alrededor de una ciudad amurallada, veo al Señor de la muerte a horcajadas sobre un gran río, veo un mal encapuchado detrás del asiento de un Señor una vez poderoso.
Un hombre con un falso testimonio viajará por El Imperio. Y aunque sea un sirviente del Gran Mutador, morirá a manos de sus elegidos, los Desterrados, los Sin Nombre creados a su imagen. Pero vendrá otro, como el primero, y aun diferente. El tomara el testimonio y muchos lo confundirán con su portador original. A Través de muchos peligros viajará al lugar donde espera el Caos, la Ciudad del Lobo Blanco, el hogar del Dios de la Guerra, Señor del Invierno. Y en su compañía habrá otros y el Caos arderá a su paso. Como extraños vendrán, pero aunque apuñalen a la araña en su corazón, su sangre chorreante derramara un peligro mayor.
¡Veo El Imperio en llamas! ¡La Rata Cornuda se sienta en el trono Imperial! Todo está escrito en el libro de los cambios. Si, los enemigos más decididos del Caos demostraran ser sus mejores sirvientes. ¡El enemigo está dentro!
Entre abrazos y palabras de buena fe, Erwin, Ogmund y Ramkir se despiden del Padre Marcus y abandonan el castillo de Serrac camino hacia la antigua mina abandonada, con las indicaciones consiguen encontrarla antes de que caiga la noche, antes de llegar a ella descubren pisadas de botas pesadas, por lo que se acercan a la mina con cautela, descubriendo que allí se ha instalado un gran grupo de pieles verdes, con cautela se alejan dando un rodeo a la mina, en ese rodeo descubren un antiguo camino abandonado que sube hacia la cima de las Montañas Grises, en el no encuentran huellas, se adentran por el hasta que la falta de luz les obliga a parar y descansar, durante la noche no ocurre nada extraño pero justo cuando empieza a amanecer una repentina niebla cae sobre ellos, la niebla viene acompañada por un frío que hiela hasta los huesos, y de entre la niebla aparecen tres figuras espectrales que con el brazo levantado se abalanzan sobre ellos, Ogmund retrocede un paso aunque luego se recompone y como fiel seguidor de Sigmar invoca su ayuda, mientras Ramkir se prepara empezando a canalizar los vientos de la Magia a su alrededor mientras Erwin carga contra las figuras espectrales mandoble en mano, pero en cuanto atraviesa al espectro estos desaparecen, haciendo que poco a poco la niebla se vaya dispersando, extrañados ante lo acontecido recogen sus pertenencias y siguen el sendero, poco a poco el camino se vuelve mas inaccesible a lo que se suma una ligera llovizna y una niebla que les impide ver mucho mas allá, pero durante unos segundos entre la niebla se puede ver un castillo en lo alto de la cima, el Castillo parece una mano impía intentando arrancar el corazón del cielo, las siete torres brillan por la humedad, como el sudor de un moribundo, acentuando la palidez malsana de las piedras, desde la torre mas alta, en medio del Castillo se eleva un delgado penacho de humo que arrastra la brisa, se oye una risa en la lejanía, o tal vez sea la imaginación que les juega una mal pasada, siguiendo por el camino llegan a un zona en la que deben casi escalar por un camino inclinado y lleno de guijarros, despacio para no perder pie y caer empiezan a avanzar, pero de repente de entre la niebla tres grandes aves caen en picado hacia donde se encuentran, por suerte sus picos no consiguen alcanzarles y batiendo lo que les queda de sus grandes alas vuelven a coger altura para lanzar otro ataque, a riesgo de perder pie y caer deciden subir lo mas rápido posible, por suerte los tres consiguen salvar la zona de guijarros y llegar a una zona donde poder preparase para combatir a las grandes aves carroñeras justo en el momento que vuelven a caer en picado sobre ellos...
Poco a poco se fueron internando en las Montañas Grises, sin ningún camino conocido era difícil orientarse entre las cientos de gargantas y riscos que iban pasando, pero con empeño se fueron abriendo camino, la noche llegó con rapidez y con ella el duro frío del invierno, rachas de gélido aire les acompañaron durante toda la noche provocando que tanto Ramkir como Ogmund apenas pudieran descansar, amaneciendo destemplados, el día siguiente no fue mucho mejor, apenas hicieron progresos, por ningún lado se veían indicios de ningún castillo y al final del día empezó a caer una ligera llovizna acompañada de una densa niebla, la cual les acompañó durante todo el día siguiente haciendo que no pudieran moverse por miedo a perderse, sin apenas comida y con el tiempo en su contra decidieron bajar de las Montañas hasta el valle por donde habían venido, con cuidado descendieron hasta llegar al bosque, una vez en el caminaron en dirección contraria a las Montañas Grises hasta encontrar una zona un poco mas elevada, allí Ogmund trepo por uno de los árboles mas altos para intentar ver lo que tenían a su alrededor y así poder orientarse, lo que vio fue una ligera columna de humo mas al Oeste, mas o menos por donde estaba la aldea de Serrac, con cautela hacia allí se dirigieron, una vez allí, escondidos en el linde del bosque pudieron ver que en medio del patio de armas del castillo se había prendido fuego a algo, una pira carbonizada así lo atestiguaba, tras acercarse un poco mas para sorpresa de Erwin y Ogmund vieron que por el castillo andaba un viejo conocido, el Padre Marcus junto a sus dos acólitos , también había hombres de armas con la heráldica de Montfort, mas seguros al ver al Padre Marcus decidieron bajar y andar hacia el Castillo, según se acercaban les dieron el alto animandoles a dejar sus armas, la cual cosa no estaban dispuestos a realizar ninguno de los tres, pero antes de que las cosas fueran a mayores el Padre Marcus atravesó las puertas para encontrarse con Erwin y Ogmund, dándoles un fuerte abrazo y invitándolos al interior del Castillo.
Una vez dentro y sentados alrededor de una mesa con comida y bebida pudieron hablar de lo que les había ocurrido durante estos meses, Erwin le puso al tanto de lo ocurrido en la ciudad de Middenheim y en el Norte del Imperio, en Kislev y mas allá, las noticias no eran nada halagüeñas, el propio Imperio estaba a punto de estallar en una guerra por ver quien ocuparía el trono si finalmente el Emperador moría, los radicales de Ulric cada vez se mostraban mas sin ningún temor, alentando el odio hacia Sigmar, y el Castillo Drachenfels volvía a ser nombrado tras varios siglos olvidado, el Padre Marcus les contó lo que sabia del Castillo, y les contó como de vuelta hacia Montfort decidieron buscar un lugar donde cobijarse de la lluvia y decidieron pedir cobijo en el Castillo, para cuando llegaron el Conde Enguerrant había abandonado el Castillo junto a una docena de sus mas fieles hombres, en su huida había mancillado la capilla del Grial con claros signos a Nurgle, abandonando a un campesino que en su interior había acogido la semilla de la putrefacción de Nurgle, sin poder hacer nada por el la hoguera fue su salvación para salvar su alma, el chico solo susurraba una palabra, Felsbrockemberg, mas tarde pudieron averiguar que se trataba de una antigua mina abandonada en la Montañas Grises.
El Padre Marcus sabedor de a dónde se dirigían santifico un lugar en la orilla del río y realizo la ceremonia para que Ogmund fuera ungido por la luz de Sigmar, durante el transcurso de la ceremonia Ogmund tuvo una visión, primero vio volar cuervos sobre la ciudad de Altdorf sintiendo que el Imperio está en peligro, para acto seguido ver como el Padre Marcus con los ojos en blanco habla con una voz que ni era la suya;
Veo la oscuridad reuniéndose alrededor de una ciudad amurallada, veo al Señor de la muerte a horcajadas sobre un gran río, veo un mal encapuchado detrás del asiento de un Señor una vez poderoso.
Un hombre con un falso testimonio viajará por El Imperio. Y aunque sea un sirviente del Gran Mutador, morirá a manos de sus elegidos, los Desterrados, los Sin Nombre creados a su imagen. Pero vendrá otro, como el primero, y aun diferente. El tomara el testimonio y muchos lo confundirán con su portador original. A Través de muchos peligros viajará al lugar donde espera el Caos, la Ciudad del Lobo Blanco, el hogar del Dios de la Guerra, Señor del Invierno. Y en su compañía habrá otros y el Caos arderá a su paso. Como extraños vendrán, pero aunque apuñalen a la araña en su corazón, su sangre chorreante derramara un peligro mayor.
¡Veo El Imperio en llamas! ¡La Rata Cornuda se sienta en el trono Imperial! Todo está escrito en el libro de los cambios. Si, los enemigos más decididos del Caos demostraran ser sus mejores sirvientes. ¡El enemigo está dentro!
Entre abrazos y palabras de buena fe, Erwin, Ogmund y Ramkir se despiden del Padre Marcus y abandonan el castillo de Serrac camino hacia la antigua mina abandonada, con las indicaciones consiguen encontrarla antes de que caiga la noche, antes de llegar a ella descubren pisadas de botas pesadas, por lo que se acercan a la mina con cautela, descubriendo que allí se ha instalado un gran grupo de pieles verdes, con cautela se alejan dando un rodeo a la mina, en ese rodeo descubren un antiguo camino abandonado que sube hacia la cima de las Montañas Grises, en el no encuentran huellas, se adentran por el hasta que la falta de luz les obliga a parar y descansar, durante la noche no ocurre nada extraño pero justo cuando empieza a amanecer una repentina niebla cae sobre ellos, la niebla viene acompañada por un frío que hiela hasta los huesos, y de entre la niebla aparecen tres figuras espectrales que con el brazo levantado se abalanzan sobre ellos, Ogmund retrocede un paso aunque luego se recompone y como fiel seguidor de Sigmar invoca su ayuda, mientras Ramkir se prepara empezando a canalizar los vientos de la Magia a su alrededor mientras Erwin carga contra las figuras espectrales mandoble en mano, pero en cuanto atraviesa al espectro estos desaparecen, haciendo que poco a poco la niebla se vaya dispersando, extrañados ante lo acontecido recogen sus pertenencias y siguen el sendero, poco a poco el camino se vuelve mas inaccesible a lo que se suma una ligera llovizna y una niebla que les impide ver mucho mas allá, pero durante unos segundos entre la niebla se puede ver un castillo en lo alto de la cima, el Castillo parece una mano impía intentando arrancar el corazón del cielo, las siete torres brillan por la humedad, como el sudor de un moribundo, acentuando la palidez malsana de las piedras, desde la torre mas alta, en medio del Castillo se eleva un delgado penacho de humo que arrastra la brisa, se oye una risa en la lejanía, o tal vez sea la imaginación que les juega una mal pasada, siguiendo por el camino llegan a un zona en la que deben casi escalar por un camino inclinado y lleno de guijarros, despacio para no perder pie y caer empiezan a avanzar, pero de repente de entre la niebla tres grandes aves caen en picado hacia donde se encuentran, por suerte sus picos no consiguen alcanzarles y batiendo lo que les queda de sus grandes alas vuelven a coger altura para lanzar otro ataque, a riesgo de perder pie y caer deciden subir lo mas rápido posible, por suerte los tres consiguen salvar la zona de guijarros y llegar a una zona donde poder preparase para combatir a las grandes aves carroñeras justo en el momento que vuelven a caer en picado sobre ellos...
martes, 28 de enero de 2020
EL ENEMIGO INTERIOR. EL CASTILLO DRACHENFELS. Sesión 4
El caballo cabalgaba veloz a través del bosque, esos malditos extranjeros venidos del Imperio buscaban el castillo Drachenfels, pero solo el tenia la llave para poder encontrarlo, y nadie se lo iba a arrebatar, el maldito muchacho le diría donde se encontraba y luego recibiría el mayor don de su Dios, la pestilencia..., y esta misma noche sacrificaría a su Dios al arrogante señor de Kemperbard..., con esos pensamientos cabalgaba el Conde Enguerrant mientras una maléfica sonrisa se le dibujaba en sus labios.
La noche avanzaba mientras nuestros héroes intentaban escapar de sus perseguidores, por desgracia el sonido de los perros era cada vez mas cercano, en su huida llegaron hasta un pequeño claro donde dos hombres encapuchados les estaban esperando, portaban armas aunque no las tenían sacadas, poco después pudieron percatarse que estaban rodeados por mas hombres vestidos de igual forma, los dos encapuchados del claro se acercaron hasta el grupo, uno de ellos habló, al parecer era el jefe, el cual quería mantener el anonimato aunque Erwin pudo percatarse que debía de ser alguien de cierta importancia, tras dialogar con ellos averiguaron que hacia el Este, cerca de las estribaciones de las Montañas Grises sus hombres creían haber visto mutantes, cerca de un antiguo túmulo abandonado, su nuevo amigo encapuchado les dejo a uno de sus hombres para que les llevará hasta ese sitio, mientras él y el resto de sus hombres entretenían a los hombres del Conde, también él se encargaría de los tres campesinos.
Cada grupo se se separó y sin tiempo que perder fueron atravesando el bosque en dirección Este, guiados por uno de los hombres del sin rostro, cuando estaba empezando a amanecer llegaron hasta el punto que les había contado el primo de Jeann Dáncord, desde allí en apenas diez minutos llegaron hasta el túmulo, escondidos en el bosque podían ver la entrada al túmulo, no parecía que allí hubiera nadie, pero aun así se fueron aproximando con cautela, Erwin encaminaba el grupo cuando a escasos pasos de la entrada fue sorprendido por dos flechas, una rebotó en la piedra delante de el mientras la otra hacía lo propio contra el peto de coraza que llevaba en el pecho, de la otra parte del bosque dos hombres volvían a cargar sus arcos para volver a disparar, Erwin con espada en mano salio corriendo hacia ellos, mientras Ramkir utilizaba los vientos de la magia para crear tres bolas de fuego que impactaron contra uno de ellos, haciendo que cayera muerto entre una explosión de llamas, Ogmund se cubrió con las piedras mientras vigilaba la entrada del túmulo por si de allí venían mas enemigos, Erwin consiguió contra el que aun quedaba con vida, el cual apenas tuvo tiempo para hacer sonar un pequeño cuerno antes de que Erwin lo atravesara con su espada, tras lo sucedido el grupo permaneció expectante pero nadie acudió a la llamada del cuerno, así que tras varios minutos esperando a ver que sucedía decidieron entrar con cautela dentro del túmulo, en su interior el olor a putrefacción era insoportable, a Ogmund le recordaba cuando se ganaba la vida de cazarratas en las alcantarillas de Kemperbad, parecía que hacía una eternidad de eso y apenas había pasado un año, delante de ellos una puerta de madera les impedía el paso, la puerta estaba entornada y un olor a humo provenía de dentro, despacio Erwin abrió un poco la puerta, lo suficiente para descubrir lo que allí había, una sala mas grande donde se había improvisado una especie de cocina, había varias puertas al Norte y al Sur de la cámara y una doble puerta al fondo, en la cámara había otro mutante el cual poco pudo hacer cuando de improvisto fue asaltado por Erwin y el caballero que les acompañaba, entre ambos acabaron con el con rapidez mientras Ramkir volvía a utilizar su magia para que no pudiera gritar y así avisar a sus demás compañeros si en verdad estaban en el túmulo, como así resulto ser, pero Ogmund y el caballero acabaron con los que se encontraban en la habitación del Sur, mientras Erwin hizo lo propio con la habitación del Norte, otra de las habitaciones hacia la función de celda, en ella estaba encerrado un joven el cual les pudo contar que el conde Enguerrant era un adorador del Dios de la pestilencia y que la tarde anterior había venido a buscar a Jeann Dáncord y se lo había llevado, también les contó que la habitación que tenia una puerta de hierro con una cadena había algo muy peligroso, o eso por lo menos es lo que había oído hablar a los mutantes, una vez liberado solo les quedaba ver que les aguardaba tras las dobles puertas del fondo, lo que allí descubrieron resulto de lo mas desagradable, un templo dedicado a Nurgle, varios cuerpos podridos formaban una montaña, y encima de ella una especie de antorcha rezumaba como un vomito verde, toda la habitación estaba llena de gusanos también de ese mismo color malsano, y que mejor manera para purificar aquel lugar que el fuego, abandonaron el lugar antes que el fuego empezara a extenderse.
El caballero volvería con su señor para informarle de lo que allí había ocurrido y visto, desde luego la ayuda de Erwin, Ogmund y Ramkir segura de mucha ayuda, pero decidieron que aquello no era de su incumbencia y que se internarían en las Montañas Grises en busca del castillo por sus propios medios, quizás el castillo de Drachenfels les encontraría a ellos, así que despidiéndose del caballero siguieron camino hacia el Este, ante sus ojos unos picos nevados les aguardaban, allí hasta la vista les alcanzaba podían ver las Montañas Gises, por donde deberían empezar a buscar?....
La noche avanzaba mientras nuestros héroes intentaban escapar de sus perseguidores, por desgracia el sonido de los perros era cada vez mas cercano, en su huida llegaron hasta un pequeño claro donde dos hombres encapuchados les estaban esperando, portaban armas aunque no las tenían sacadas, poco después pudieron percatarse que estaban rodeados por mas hombres vestidos de igual forma, los dos encapuchados del claro se acercaron hasta el grupo, uno de ellos habló, al parecer era el jefe, el cual quería mantener el anonimato aunque Erwin pudo percatarse que debía de ser alguien de cierta importancia, tras dialogar con ellos averiguaron que hacia el Este, cerca de las estribaciones de las Montañas Grises sus hombres creían haber visto mutantes, cerca de un antiguo túmulo abandonado, su nuevo amigo encapuchado les dejo a uno de sus hombres para que les llevará hasta ese sitio, mientras él y el resto de sus hombres entretenían a los hombres del Conde, también él se encargaría de los tres campesinos.
Cada grupo se se separó y sin tiempo que perder fueron atravesando el bosque en dirección Este, guiados por uno de los hombres del sin rostro, cuando estaba empezando a amanecer llegaron hasta el punto que les había contado el primo de Jeann Dáncord, desde allí en apenas diez minutos llegaron hasta el túmulo, escondidos en el bosque podían ver la entrada al túmulo, no parecía que allí hubiera nadie, pero aun así se fueron aproximando con cautela, Erwin encaminaba el grupo cuando a escasos pasos de la entrada fue sorprendido por dos flechas, una rebotó en la piedra delante de el mientras la otra hacía lo propio contra el peto de coraza que llevaba en el pecho, de la otra parte del bosque dos hombres volvían a cargar sus arcos para volver a disparar, Erwin con espada en mano salio corriendo hacia ellos, mientras Ramkir utilizaba los vientos de la magia para crear tres bolas de fuego que impactaron contra uno de ellos, haciendo que cayera muerto entre una explosión de llamas, Ogmund se cubrió con las piedras mientras vigilaba la entrada del túmulo por si de allí venían mas enemigos, Erwin consiguió contra el que aun quedaba con vida, el cual apenas tuvo tiempo para hacer sonar un pequeño cuerno antes de que Erwin lo atravesara con su espada, tras lo sucedido el grupo permaneció expectante pero nadie acudió a la llamada del cuerno, así que tras varios minutos esperando a ver que sucedía decidieron entrar con cautela dentro del túmulo, en su interior el olor a putrefacción era insoportable, a Ogmund le recordaba cuando se ganaba la vida de cazarratas en las alcantarillas de Kemperbad, parecía que hacía una eternidad de eso y apenas había pasado un año, delante de ellos una puerta de madera les impedía el paso, la puerta estaba entornada y un olor a humo provenía de dentro, despacio Erwin abrió un poco la puerta, lo suficiente para descubrir lo que allí había, una sala mas grande donde se había improvisado una especie de cocina, había varias puertas al Norte y al Sur de la cámara y una doble puerta al fondo, en la cámara había otro mutante el cual poco pudo hacer cuando de improvisto fue asaltado por Erwin y el caballero que les acompañaba, entre ambos acabaron con el con rapidez mientras Ramkir volvía a utilizar su magia para que no pudiera gritar y así avisar a sus demás compañeros si en verdad estaban en el túmulo, como así resulto ser, pero Ogmund y el caballero acabaron con los que se encontraban en la habitación del Sur, mientras Erwin hizo lo propio con la habitación del Norte, otra de las habitaciones hacia la función de celda, en ella estaba encerrado un joven el cual les pudo contar que el conde Enguerrant era un adorador del Dios de la pestilencia y que la tarde anterior había venido a buscar a Jeann Dáncord y se lo había llevado, también les contó que la habitación que tenia una puerta de hierro con una cadena había algo muy peligroso, o eso por lo menos es lo que había oído hablar a los mutantes, una vez liberado solo les quedaba ver que les aguardaba tras las dobles puertas del fondo, lo que allí descubrieron resulto de lo mas desagradable, un templo dedicado a Nurgle, varios cuerpos podridos formaban una montaña, y encima de ella una especie de antorcha rezumaba como un vomito verde, toda la habitación estaba llena de gusanos también de ese mismo color malsano, y que mejor manera para purificar aquel lugar que el fuego, abandonaron el lugar antes que el fuego empezara a extenderse.
El caballero volvería con su señor para informarle de lo que allí había ocurrido y visto, desde luego la ayuda de Erwin, Ogmund y Ramkir segura de mucha ayuda, pero decidieron que aquello no era de su incumbencia y que se internarían en las Montañas Grises en busca del castillo por sus propios medios, quizás el castillo de Drachenfels les encontraría a ellos, así que despidiéndose del caballero siguieron camino hacia el Este, ante sus ojos unos picos nevados les aguardaban, allí hasta la vista les alcanzaba podían ver las Montañas Gises, por donde deberían empezar a buscar?....
miércoles, 22 de enero de 2020
EL ENEMIGO INTERIOR. EL CASTILLO DRACHENFELS. Sesión 3
Poco a poco el banquete llegaba a su fin, y con la misma cautela que había llegado ahora se marchaba, cada vez las diferencias con las formas de actuar del Conde eran mayores, la forma en que trataba a sus campesinos no era la adecuada para un Caballero Bretón, aunque por derecho podía hacerlo, pero antes de abandonar el salón se acercó con cautela a uno de los ayudantes de cámara encargados de que no faltara de nada a los Caballeros y Damas allí reunidos, apenas fueron unos segundos los que necesito para susurrarle algo al oído, tras lo cual el mayordomo asintió levemente con la cabeza mientras con paso ligero se dirigió hasta donde un juglar descansaba esperando su momento para entretener a los allí reunidos..., el juglar se estiro sus ropas, y dando unos últimos ajustes a su arpa empezó a cantar la Leyenda del Castillo Drachenfels...
Erwin, Ogmund y Ramkir se encaminaron al salón del trono para asistir al banquete que el Conde Enguerrant daría en su honor, poco a poco fueron llegando todos los invitados, la gran mayoría caballeros del propio Conde, junto a sus damas, el propio Conde fue el último en llegar dando comienzo al banquete, la mesas se llenaron de todo tipo de manjares, regados por buen vino bretoniano, durante la cena Erwin pudo averiguar que había tensión con los condados cercanos, por lo visto no aprobaban la conducta del Conde hacia sus campesinos, por otra parte Ogmund y Ramkir también pudieron confirmar que parte de sus caballeros no aprobaban la dureza de los castigos que se les infligia a los campesinos, aunque se cuidaban de no alzar demasiado la voz, a fin de cuentas era su señor y por juramento se debían a él, la velada fue pasando bastante tranquila hasta que el Conde se enzarzó en una disputa verbal con Erwin, supuesto señor de Kemperbad, intentando ridiculizarle y acusándolo de abandonar a sus súbditos para salir en busca de cuentos, como el Castillo Drachenfels, en sus tierras abandonar sus obligaciones estaba penado con la horca, pero Erwin en vez de amilanarse prácticamente llamó necios al Conde y a los allí presentes, durante unos segundos la tensión se palpó en el ambiente, pero entre carcajadas el Conde aplaudió las palabras de Erwin garantizandole una buena carrera de bufón si alguna vez quería renunciar a su cargo de señor de Kemperbad, acto seguido el juglar intervino de repente para entonar los primeros compases de la Leyenda del Castillo Drachenfels, muchos de los allí presentes lo miraron atónitos y el propio Conde abandonó el salón bastante contrariado.
Poco a poco la velado fue llegando a su fin, un ayudante de cámara acompañó a nuestros héroes a sus aposentos, por el camino y tras una mirada para comprobar que no había oídos indiscretos les dijo que si estimaban sus vidas debían abandonar el castillo con brevedad, que mientras permanecieran en el se encontraban en peligro, tras las palabras del ayudante de cámara decidieron que esa misma noche intentarían salir del castillo, dejaron que pasaran varias horas para asegurarse que la mayoría de gente estaba dormida y salieron con cuidado de sus habitaciones, con discreción consiguieron bajar hasta los niveles inferiores de la torre y tras descolgarse por una ventana consiguieron llegar hasta la parte trasera, de allí fueron hasta las caballerizas moviéndose entre las sombras, en la puerta había un guardia al que consiguieron reducir y amordazar antes de que pudiera dar la alarma, dentro otro guardia dormitaba, al igual que el anterior acabo amordazado, ante ellos tenían sus caballos, pero como abandonar el castillo con ellos, iba a resultar imposible salir por la puerta, la cual estaba cerrada y custodiada por dos hombres sin hacer que dieran la alarma, decidieron dejar los caballos y escapar a pie, aprovechando la oscuridad se deslizaron hasta un extremo de la empalizada de madera que hacia de muralla y ayudándose de una cuerda consiguieron deslizarse al otro lado abandonando las inmediaciones del castillo, con rapidez se dirigieron hacia el pueblo, concretamente hacia el centro del pueblo donde estaban los tres campesinos encerrados en la picota, un guardia los custodiaba, sentado junto a la horca dormía un plácido sueño ajeno al peligro que se le avecinaba, con rapidez Erwin y Ogmund lo redujeron mientras Erwin les hacía gestos a los tres campesinos para que guardaran silencio mientras los sacaba de la picota, tras recuperarse un poco de lo sucedido empezaron a entender las demandas de Ramkir y caminando por el pueblo les llevaron hasta una choza de quien al parecer había encontrado a Jeann Dáncord, al llamar una mujer mayor abrió la puerta, pero al ver a los tres campesinos y a Erwinn y compañía intento cerrarla, Erwin interpuso su pie impidiéndolo y entrando todos en tropel dentro de la choza, allí estaba su hijo, el cual había sido quien había encontrado a Jeann Dáncord perdido en el bosque con la mirada perdida y apenas balbuceando cosas sin sentido, habían partido antes del alba, su primo Jeann Dáncord, su hermano y el mismo al bosque llegando casi a las Colinas, pero por mas que lo busco no pudo encontrar a su hermano teniendo que regresar antes de que la noche les alcanzara, les dio indicaciones para llegar al lugar donde había encontrado a Jeann Dáncord, sin nada mas que hacer allí abandonaron el pueblo internándose en el bosque junto a los tres campesinos, mientras a lo lejos, del castillo salían caballeros enarbolando antorchas mientras cabalgaban...
Erwin, Ogmund y Ramkir se encaminaron al salón del trono para asistir al banquete que el Conde Enguerrant daría en su honor, poco a poco fueron llegando todos los invitados, la gran mayoría caballeros del propio Conde, junto a sus damas, el propio Conde fue el último en llegar dando comienzo al banquete, la mesas se llenaron de todo tipo de manjares, regados por buen vino bretoniano, durante la cena Erwin pudo averiguar que había tensión con los condados cercanos, por lo visto no aprobaban la conducta del Conde hacia sus campesinos, por otra parte Ogmund y Ramkir también pudieron confirmar que parte de sus caballeros no aprobaban la dureza de los castigos que se les infligia a los campesinos, aunque se cuidaban de no alzar demasiado la voz, a fin de cuentas era su señor y por juramento se debían a él, la velada fue pasando bastante tranquila hasta que el Conde se enzarzó en una disputa verbal con Erwin, supuesto señor de Kemperbad, intentando ridiculizarle y acusándolo de abandonar a sus súbditos para salir en busca de cuentos, como el Castillo Drachenfels, en sus tierras abandonar sus obligaciones estaba penado con la horca, pero Erwin en vez de amilanarse prácticamente llamó necios al Conde y a los allí presentes, durante unos segundos la tensión se palpó en el ambiente, pero entre carcajadas el Conde aplaudió las palabras de Erwin garantizandole una buena carrera de bufón si alguna vez quería renunciar a su cargo de señor de Kemperbad, acto seguido el juglar intervino de repente para entonar los primeros compases de la Leyenda del Castillo Drachenfels, muchos de los allí presentes lo miraron atónitos y el propio Conde abandonó el salón bastante contrariado.
Poco a poco la velado fue llegando a su fin, un ayudante de cámara acompañó a nuestros héroes a sus aposentos, por el camino y tras una mirada para comprobar que no había oídos indiscretos les dijo que si estimaban sus vidas debían abandonar el castillo con brevedad, que mientras permanecieran en el se encontraban en peligro, tras las palabras del ayudante de cámara decidieron que esa misma noche intentarían salir del castillo, dejaron que pasaran varias horas para asegurarse que la mayoría de gente estaba dormida y salieron con cuidado de sus habitaciones, con discreción consiguieron bajar hasta los niveles inferiores de la torre y tras descolgarse por una ventana consiguieron llegar hasta la parte trasera, de allí fueron hasta las caballerizas moviéndose entre las sombras, en la puerta había un guardia al que consiguieron reducir y amordazar antes de que pudiera dar la alarma, dentro otro guardia dormitaba, al igual que el anterior acabo amordazado, ante ellos tenían sus caballos, pero como abandonar el castillo con ellos, iba a resultar imposible salir por la puerta, la cual estaba cerrada y custodiada por dos hombres sin hacer que dieran la alarma, decidieron dejar los caballos y escapar a pie, aprovechando la oscuridad se deslizaron hasta un extremo de la empalizada de madera que hacia de muralla y ayudándose de una cuerda consiguieron deslizarse al otro lado abandonando las inmediaciones del castillo, con rapidez se dirigieron hacia el pueblo, concretamente hacia el centro del pueblo donde estaban los tres campesinos encerrados en la picota, un guardia los custodiaba, sentado junto a la horca dormía un plácido sueño ajeno al peligro que se le avecinaba, con rapidez Erwin y Ogmund lo redujeron mientras Erwin les hacía gestos a los tres campesinos para que guardaran silencio mientras los sacaba de la picota, tras recuperarse un poco de lo sucedido empezaron a entender las demandas de Ramkir y caminando por el pueblo les llevaron hasta una choza de quien al parecer había encontrado a Jeann Dáncord, al llamar una mujer mayor abrió la puerta, pero al ver a los tres campesinos y a Erwinn y compañía intento cerrarla, Erwin interpuso su pie impidiéndolo y entrando todos en tropel dentro de la choza, allí estaba su hijo, el cual había sido quien había encontrado a Jeann Dáncord perdido en el bosque con la mirada perdida y apenas balbuceando cosas sin sentido, habían partido antes del alba, su primo Jeann Dáncord, su hermano y el mismo al bosque llegando casi a las Colinas, pero por mas que lo busco no pudo encontrar a su hermano teniendo que regresar antes de que la noche les alcanzara, les dio indicaciones para llegar al lugar donde había encontrado a Jeann Dáncord, sin nada mas que hacer allí abandonaron el pueblo internándose en el bosque junto a los tres campesinos, mientras a lo lejos, del castillo salían caballeros enarbolando antorchas mientras cabalgaban...
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