sábado, 30 de mayo de 2020

EL ENEMIGO INTERIOR. EL CASTILLO DRACHENFELS. Sesión 18

En el silencio hay ausencia de palabras, es cierto. Pero también los silencios entrañan una presencia, la presencia de un mensaje que no se ha dicho, pero que está ahí. Los silencios no son vacío de comunicación, sino que comunican algo que no se dice con palabras.
Así como hay palabras que no dicen nada, también hay silencios que lo dicen todo. Hay silencios que acusan y hay silencios que matan. Silencios que nacen de la imposibilidad, el miedo o el desconcierto y silencios que expresan poder supremo. Hay silencios prudentes y silencios que angustian, y en medio de aquel silencio un manojo de llaves colgaba de un antiguo.....



Con cuidado fueron desandando sus pasos hasta llegar a la parte Norte de esa planta del castillo, ante ellos tenían un pasillo largo con varias puerta a  ambos lados, las fueron abriendo en zigzag, la primera daba paso a una habitación llena de tierra donde aún quedaban restos disecados de distintas plantas junto a moho en las paredes, a la vista no se veía ningún lugar donde pudiera haber alguna llave, cerrando la puerta se dirigieron a la siguiente, en la siguiente habitación pudieron ver que estaba repleta de estanterías llenas de un especie de grasa amarillenta que según Ogmund era grasa humana,  al fondo en cuatro atriles cuatro libros con grandes tapas de cuero que bien podían ser grimonios, mientras contemplaban todo aquello de repente el suelo se abrió por la mitad haciéndoles caer a un agujero de ocho metros de profundidad con afilados pinchos, Ramkir y Ogmund cayeron llevándose Ramkir la peor parte, por suerte Erwin pudo cogerse al suelo de la habitación que habían abierto y con rapidez subió hasta ella al tiempo que el suelo del pasillo volvía a su posición cerrando el agujero, junto a Erwin estaba su amigo Snitlet que se había quedado cogido a su pierna salvándose de una muerte segura, tras inspeccionar la puerta pudo descubrir en su interior el mecanismo que hacia que la trampa se activase, y con la ayuda de Snitlet la fue activando para poder sacar de allí a sus amigos, no sin sufrir un pequeño sobresalto al intentar rescatar a Ramkir, Snitlet se puso nervioso y no atinaba a activarla y si no es por la rápida intervención de Erwin, Ramkir hubiese acabado partido por la mitad, una vez fuera y recuperados del susto decidieron no rebuscar en esa habitación, se dirigieron a la siguiente tomando más precauciones, en esta nueva habitación vieron distintos materiales quirúrgicos y detrás de una mampara bajo una débil luz que poco a poco iba subiendo de intensidad había un ser medio humano, medio reptil, estaba profundamente dormido pero parecía que según subía la intensidad de la luz iba recuperando la conciencia, quien era, o que hacia allí nunca lo sabrían ya que Ogmund avanzo hacia el con rapidez y en dos certeros golpes esparció sus sesos por la habitación, sin ningún peligro aparente echaron un vistazo por el resto de la habitación, Ramkir se quedo vigilando el cuerpo inerte del mutante pudiendo ver como de repente su pecho empezó como a contorsionarse hasta que de su pecho emergió una criatura pequeña, de unos treinta centímetros,  negra como la noche con unos dientes afilados, con una gran rapidez se abalanzo hacia ellos pero entre el martillo de Ogmund y la magia de Ramkir acabaron con ella carbonizandola, aun con el susto en el cuerpo se encaminaron a la siguiente puerta, esta daba aun corto pasillo donde otra puerta daba a un a habitación con pentagramas de invocación grabados en el suelo, al fondo un espejo de un cristal negro era el único mobiliario que había, con miedo a tocar nada retrocedieron volviendo al pasillo principal, la siguiente habitación contenía cuatro largas mesas llenas de distintas atrocidades, desde una calavera hasta tarros llenos de corazones que parecían palpitar, pero si algo les llamo la atención fue algo con forma cuadrada que estaba tapado con un trozo de seda negra, a su lado había tres botellas con sangre de demonios  y cada una de ellas con un símbolo distinto de los poderes ruinosos, Ogmund decidió entrar solo, con cuidado de no tocar nada se dirigió hacia el trozo de seda negra, mientras avanzaba hacia ella al pasar cerca de los tarros llenos de corazones palpitantes  noto un cierto calor en el anillo de Verena que había encontrado en las celdas de tortura, con cuidado aparto el trozo de seda negra, bajo ella pudo ver un sello cuadrado de oro macizo, de medio metro de lado y con extraños símbolos grabados en su superficie, con el mismo cuidado volvió a taparlo y abandono la habitación, la ultima puerta del pasillo era un poco especial, tenia dos pomos en lugar de uno y Ramkir pudo notar cierta magia sobre ella por lo que prefirieron no tocarla, el pasillo giraba hacia el Sur, el final del pasillo daba a la escalera de caracol por donde habían llegado y a mitad una puerta que daba a una habitación ocupada por un pequeño escenario, a cada lado del escenario había unas especies de cambiadores llenos de ropa y esparcidos por el suelo distintos maniquís vestidos con ropas variopintas, antes de subir por las escaleras por las que habían llegado decidieron volver a la habitación de la balconada y la niebla, una vez allí y tras dar dos golpes con el bastón de mando la niebla desapareció, ahora se podía ver una gran sala mucho mas grande debería de ser, en ella se podía ver una gran fiesta, mucha gente no paraba de bailar mientras partes de sus cuerpos se iban desprendiendo, mientras mutantes de distintas clases sentados en largas mesas comían esos trozos de carne que caían al suelo, pero si algo les heló la sangre fue verse a ellos mismos allí abajo, Ogmund estaba lleno de pústulas como el Dios del Caos Nurgle, Ramkir tenia la cara esquelética como si hubiera sucumbido a la nigromancia y Erwin portaba una armadura con los símbolos de Khorne, y ante ellos estaba un personaje alto imbuido en una armadura completa con una mascara tapándole el rostro, Ramkir reconoció aquella mascara en cuanto la vio, era el propio Constant Drachenfels, con rapidez abandonaron aquella monstruosidad volviendo sobre sus pasos y dirigiéndose hacia las escaleras por donde habían llegado, tendrían que buscar las llaves en otro lugar del castillo, apenas intercambiaron palabras cada uno preocupado en sus propios pensamientos, tras cinco días en aquel siniestro castillo el animo y la esperanza  poco a poco empezaba a quebrarse...


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